Eva Soriano y el escarnio que acompaña al chiste
El último monólogo de Eva Soriano, una humorista española, ha desatado en las últimas horas una oleada de respuestas que poco tienen que ver con el arte de hacer reír. Lo que debería ser el debate sobre la calidad del chiste se ha convertido en un escaparate de descalificaciones personales.
Crítica al texto o insulto a la imagen
Entre las reacciones a su espectáculo hay quien sostiene que no tiene ninguna gracia, que el tono resulta cansino y que incluso los palmeros de la mesa ríen forzadamente. Es una línea de crítica discutible, pero al menos se agarra al contenido. El problema es que otra corriente, mucho más ruidosa, se centra exclusivamente en el cuerpo de la artista, en su vida privada o en memes que nada dicen del material interpretado.
La diferencia entre ambas posturas es la delgada línea que separa la opinión estética de la agresión. Mientras que una se puede rebatir con argumentos, la otra no busca más que denigrar.
La mirada que siempre acompaña a las mujeres
Curiosamente, el único comentario con cierta agudeza en medio de este chaparrón es el que se pregunta cómo la humorista puede afirmar que no ronca si, según la propia crítica, está soltera. Es un gag sobre la falta de información que alguien pueda tener sobre uno mismo. El resto del ruido es, simple y llanamente, machismo.
El asunto se atasca exactamente ahí: en la imposibilidad de discutir sobre el trabajo de una mujer sin que una parte de la audiencia se quede en su anatomía. Exactamente en ese punto la crítica cultural no avanza.