De Masada a Dien Bien Phu: los asedios que la historia no olvida
La pregunta parece de sobremesa, pero admite respuestas con siglos de diferencia y cifras que no cuadran entre sí. Un foro de historia ha puesto sobre la mesa una lista que va del
asedio de Masada al de
Dien Bien Phu, pasando por Numancia, Constantinopla, Cartago, Ceuta y el Alcázar de Toledo. No hay consenso. Lo que sí hay es un patrón: los asedios más citados son los que combinan una geografía imposible con una resistencia numantina —nunca mejor dicho— y un final que roza lo irracional.
El arranque del debate lo pone Masada. Un contingente de rebeldes judíos se refugia en una fortaleza natural sobre el mar Muerto tras la destrucción del Segundo Templo por las tropas de Tito. La discusión deriva rápido hacia la teología: hay quien sostiene que esos hombres no eran auténticos israelitas porque no aceptaron a Cristo, y que el general romano fue un instrumento divino para cumplir Mateo 24:2. La polémica religiosa se cruza con la militar y el hilo se parte en dos: los que ven en Masada una gesta y los que la rebajan a un suicidio colectivo de siete meses de duración.
Numancia, Sagunto y Calagurris: el canibalismo como táctica
El contrapunto llega desde Hispania. Frente al relato de Masada, varios mensajes reivindican los asedios romanos en la península como los más brutales.
Numancia aparece con una proporción desproporcionada:
60.000 romanos y auxiliares sitiando a un millar de defensores en condiciones de combatir. Sagunto, asediada por Aníbal, y Calagurris completan la trilogía. La descripción que se hace de esta última —canibalismo sistemático para aguantar el cerco— pone los pelos de punta y sirve para comparar la dureza de los hispanos con la de los sitiados de Masada. La conclusión que se extrae: los hispanos luchaban hasta el final, sin rendición ni suicidio pactado.
El asedio de Jerusalén vuelve a aparecer por otro motivo. Flavio Josefo, que tomó el nombre del general Tito en agradecimiento por el trato recibido, dejó escrito un episodio que se cita en el hilo: una mujer llamada María mató a su hijo, lo asó y se comió la mitad durante el asedio. La fiabilidad del cronista queda en entredicho en algún mensaje —«escribía mucho de oídas»—, pero el relato sirve para ilustrar hasta qué punto el hambre podía quebrar cualquier lógica.
Constantinopla, Cartago y el asedio más largo de la historia
La lista se amplía con los grandes sitios de la Antigüedad.
Cartago resistió casi tres años: asediada desde el 27 de junio del 149 a.C., fue asaltada en la primavera del 146. Las cifras que se manejan son colosales:
8 legiones romanas contra más de 100.000 defensores. Una vez traspasadas las murallas, la toma de la ciudad apenas llevó una semana. El resultado no fue solo militar: supuso la desaparición del Estado cartaginés.
Constantinopla aparece por partida doble. El asedio árabe de
717-719 y la caída final ante los turcos, con
250.000 hombres, más de 300 barcos y 200 piezas de artillería frente a una fortaleza con doble muralla, foso y una posición privilegiada. La magnitud es difícil de igualar. Hay quien lo considera el asedio más decisivo de la historia, por encima de cualquier otro criterio estético.
Y luego está Ceuta. El sitio más largo documentado:
33 años de bloqueo marroquí, del 23 de octubre de 1694 al 22 de abril de 1727. La ciudad cambió de carácter durante ese tiempo, perdió su impronta portuguesa y se transformó. La paradoja que se señala es que parte del asedio coincide con la Guerra de Sucesión, cuando las potencias europeas tenían la mirada en otra parte. Ceuta, punto estratégico vital, quedó en un segundo plano.
Dien Bien Phu y la logística imposible
El salto al siglo XX lo protagoniza
Dien Bien Phu. Los vietnamitas subieron los cañones a hombros hasta las cimas que rodeaban el valle. Los franceses, para evitar el fuego, sobrevolaban en vuelo rasante y lanzaban paracaidistas desde seis u ocho metros de altura. La guarnición recibió
10 tanques ligeros M24, pero ningún avión de carga podía elevar las 18 toneladas de un Chaffee. Hubo que desarmarlos y transportarlos por piezas: dos vuelos de Bristol 170 Freighter y seis de C-47 por cada unidad,
80 vuelos en total. Los restos de algunos de esos tanques siguen in situ.
El hilo también deja espacio para la controversia sobre qué merece el adjetivo «espectacular». Un mensaje sostiene que los asedios de los siglos XVII y XVIII, con Vauban como referencia, se volvieron rutinarios: trincheras paralelas en zig-zag, morteros, minas, incursiones nocturnas. Aburridos, dice. La espectacularidad, en todo caso, se mide en cojones y no en manuales de fortificación.
Malta, Castelnuovo y el Alcázar: la resistencia como gesta
El Mediterráneo aporta sus propios episodios. El asedio de
Malta por los turcos y el de
Castelnuovo, donde un puñado de hombres confrontó a toda una flota otomana, se citan como ejemplos de resistencia extrema. La confusión entre ambos es frecuente, pero el resultado —pérdidas navales y humillación para el sultán— se subraya con satisfacción.
En el capítulo español, el
Alcázar de Toledo aparece con el coronel Moscardó como protagonista. La historia de la vida de su hijo ofrecida antes de entregar la fortaleza se describe como un episodio que eriza la piel. La Iglesia de Baler, con Saturnino Martín Cerezo y sus hombres, se reivindica como ejemplo de resistencia.
El hilo también se detiene en la arqueología. El asedio de Masada dejó una rampa que, después de
2.000 años, sigue intacta, con restos de troncos de árboles en la base. Los arqueólogos han encontrado restos humanos de
27 hombres en algunas cuevas. La pregunta que sobrevuela es cómo se administraban los víveres y el agua para evitar rebeliones internas. Las tuvieron que pasar putas, se concluye.
El patrimonio español y la memoria de los asedios
La conversación deriva hacia la conservación. Un mensaje denuncia el maltrato del patrimonio arqueológico en España y recomienda un vídeo de Isaac Moreno sobre Numancia. La queja no es menor: si la rampa de Masada sigue en pie después de dos milenios, los yacimientos españoles no siempre corren la misma suerte.
El hilo se cierra con una reflexión sobre la mirada del otro. Un mensaje recuerda que la historia también se puede contar desde el lado de los afganos, yemeníes, vietnamitas o palestinos. «Hoy no nos ha bombardeado Occidente y no ha muerto nadie de mi familia. Es el mejor día de mi vida», se escribe. La provocación no obtiene respuesta directa, pero deja flotando la idea de que todo asedio tiene dos relatos.
Con estos mimbres, la pregunta inicial sigue sin respuesta única. Masada por su geografía, Numancia por su proporción, Constantinopla por su magnitud, Ceuta por su duración, Dien Bien Phu por su logística. Cada época tiene su propio criterio de espectacularidad. Y cada criterio, su propia lista.