Vender y rehacer: la retirada que anticipa la corrección
Liquidar la cartera y quedarse quieto es una posición de mercado, no una rendición. Quien plantea el asunto lo resume así: ha cerrado todas sus posiciones menos una —una compañía de servicios tecnológicos— y ha dejado su cartera con un 8% en efectivo y el 92% repartido entre bonos, materias primas y ladrillo, con la vista puesta en un horizonte de veinte años. Sus motivos son cinco y todos apuntan a lo mismo: la Reserva Federal acelera el final del tapering, las tecnológicas sin beneficios se desinflan (nombra a Peloton, Lemonade, Tesla, Roku o Teladoc, y a los ETF ligados al sector), el
S&P 500 se ajustará un 25% o más, hay países con la mitad de su deuda en manos del BCE y la inflación estadounidense corre al
6,5%.
El plan: bonos ligados a la inflación, materias primas y un 15% en efectivo
El dinero nuevo entra mes a mes, sin intentar acertar el momento. La mitad va a bonos del Tesoro estadounidense protegidos contra la inflación a diez años, un 2% a materias primas, un 2% a energéticas, un 1% a emergentes, un 1% a criptoactivos y otro 15% se queda en efectivo esperando precios de derribo. El resto, ladrillo. En la parte bursátil confiesa seguir un vehículo cotizado que mezcla acciones, bonos, materias primas y emergentes y que rebalancea a principios de año para cargar más renta fija. «Voy a rehacer la cartera», insiste, molesto con quienes leen su mensaje como una retirada definitiva.
¿Por qué hay quien ve «un suicidio» en comprar bonos del Tesoro?
La objeción apareció pronto y sin desarrollo. La respuesta del planteamiento original es el cupón: un
TIPS a diez años paga un
0,875% más la inflación, poco en términos absolutos, suficiente —dice— para no perder poder adquisitivo mientras llegan tiempos mejores. La alternativa que se le opone son los metales, sobre todo oro y plata, con el argumento de que serán lo que menos caiga. Falta un detalle fiscal que el propio interesado comprobó por su cuenta: la plata tributa a su tramo de ingresos.
Inmobiliario caro, tierras baratas y el escenario de autosuficiencia
El ladrillo también está inflado, advierten desde la otra orilla de la conversación: solo saldría a cuenta con descuentos superiores al 40% sobre precio de mercado. El contraargumento es que la inflación se come el efectivo igual de rápido. En ese tira y afloja aparece una vía intermedia: casas sin reformar hasta un 50% más baratas y terrenos con agua, caza y bosque propio. El ejemplo que se comparte es un terreno de
20 hectáreas con un lago de casi 4 hectáreas por 79.000 dólares, cerca de la frontera canadiense. La letra pequeña: treinta grados bajo cero en invierno y nieve que hay que despejar a diario o no sales de casa.
Time in the market: la réplica a quien intenta cronometrar la caída
Aquí el choque es frontal. La corriente que defiende aportar mes a mes, pase lo que pase, recuerda que llevan una década leyendo anuncios apocalípticos cada semana sin que el mercado deje de subir. Un dato sirve de munición: el fondo de referencia de un conocido gestor español rindió un
134% entre 2014 y 2021 frente al
205% del S&P 500 con dividendos incluidos. Sobre Warren Buffett se sostiene que ya no bate al índice por tamaño, no por falta de olfato, y se recuerda que Ray Dalio estuvo tres décadas por delante hasta que su vehículo creció demasiado. Queda flotando una ironía clásica: si todo el mundo espera la caída, quizá no llegue.
La Fed y el 6,5% de inflación
El marco temporal importa. En su reunión del
15 de diciembre de 2021, la Reserva Federal dejó los tipos en el rango del 0% al 0,25% y mantuvo su compromiso de sostener la economía, al tiempo que el mercado descontaba el final del tapering. Con la inflación en el 6,5%, el dilema es el de siempre: imprimir o no imprimir. De fondo, un escenario geopolítico que, según otra intervención, servirá de excusa para sanear los índices. Y una predicción de cierre de año con nombre propio: S&P 500 en 5.200 puntos, Tesla en 1.800 dólares y el oro sin pasar de 2.000.
El gesto final del autor del plan, cuando llegó la caída, fue breve y revelador: «UP!!! Esto es lo que estaba esperando. He tenido suerte. A comprar». Si acierta o se equivoca lo dirá la próxima década, no el próximo trimestre.