La acampada de Sevilla sopesa desmontar entre el 29 y el 31 de octubre
El calendario manda más que el campamento. La asamblea de la acampada de la
vivienda en las Setas, en Sevilla, discute desacampar entre el jueves 29 y el sábado 31 de octubre. Los dos motivos que se escucharon en el corro no tienen nada que ver entre sí:
coger fuerzas para la huelga del 11 de noviembre y guardar gente para ir a molestar a Vito Quiles, que según ese relato visita la
Universidad de Sevilla el 2 de noviembre. Conviene subrayarlo: no hay comunicado ni portavoz. Es lo que se oía en una asamblea al aire libre, con megáfono y corrillo.
Qué se escuchó en la asamblea de las Setas
El relato de quien se detuvo a escuchar la reunión incluye el envoltorio: olor a porro, cervezas Cruzcampo, banderas palestinas y, sobre una mesa, una
corona fúnebre con una fotografía, velas y flores. Ese detalle, el de la foto y las velas, dice más del tipo de campamento que cualquier pancarta: hay una memoria concreta detrás y no un simple repertorio de consignas.
La lógica de la retirada, en cambio, es logística. Un campamento consume gente, horas y materiales; una huelga y un señalamiento en una facultad exigen piernas frescas. Desacampar para coger fuerzas admite dos lecturas: retirada táctica o principio del desmontaje definitivo. En la asamblea, según ese mismo relato, ambas convivían
sin fricción visible.
Por qué la bandera palestina aparece en una protesta por la vivienda
Aquí el consenso se rompe. Hay quien sostiene que la bandera palestina ni es de izquierdas ni de derechas, pero tampoco tiene que ver con la vivienda o el trabajo, y que su presencia convierte una reivindicación concreta —el
alquiler, el desahucio, la lista de espera— en otra cosa. Enfrente, la respuesta es moral: se argumenta que la solidaridad con un territorio en conflicto no es una cuestión ideológica sino de dignidad humana. Ninguna de las dos posiciones se dirime con datos, y por eso el roce reaparece en cada movilización.
Lo relevante para el campamento es otro asunto: cuando el símbolo ajeno ocupa el primer plano, el mensaje propio pierde foco. Quien pasa de largo y solo ve banderas no sabrá si aquello va de rentas o de política exterior. Y el que sí entra a leer puede acabar discutiendo de otra cosa.
Del 15M al «sindicato»: una acampada que no quiere partido
La comparación con el 15M es obligada y sale mal parada. Aquel movimiento tuvo peticiones sintetizadas
en menos de un mes; este, según el diagnóstico que circula, todavía está intentando sintetizar qué quiere pedir. La diferencia de fondo es de naturaleza: el 15M cuestionaba el régimen entero y de ahí salieron partidos y nueva política; este movimiento se dirige a los partidos que ya existen sin creer en la acción institucional, y por eso se autodenomina «sindicato». No es un detalle de marketing: renunciar al partido cambia el repertorio y también los plazos.
Sobre la autoría del giro hacia el desmontaje hay una sospecha extendida —un núcleo de
infiltrados empujando la retirada— que no pasa de hipótesis. También se apunta al desgaste: quien bebe y fuma en el campamento no ha entendido cómo sostenerlo.
Halloween, máscaras y guantes: el calendario que se solapa
A la misma semana se le superpone otra convocatoria. La plataforma Blocus ha llamado a una nueva revuelta en Madrid y Barcelona para la noche de Halloween, con el aviso «Llevad máscaras y guantes», después de unos disturbios en Barcelona que se saldaron, según la información difundida, con
120 detenidos y 14 policías heridos. Que una acampada por la vivienda y una noche de disturbios compartan calendario no las convierte en lo mismo, pero las mezcla en el relato público, y ese relato es el que luego decide quién tiene razón.
Queda por ver si las Setas se suman a ese programa o se quedan al margen. Nadie lo ha cerrado.
Si el campamento se levanta el 31, la huelga del 11-N llegará con gente descansada y con la demanda de vivienda sin plaza física donde exhibirse. Si sigue en pie, el 2 de noviembre la Facultad de Sevilla será el escenario y el alquiler, otra vez, el decorado. Lo más probable es que ocurran las dos cosas a medias, que es como suelen ocurrir estas cosas.