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Sin acuerdo, una familia de clase media pagaría 2.400 dólares más en su IRPF
Durante las próximas 96 horas, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y los legisladores del Congreso intentarán hacer encaje de bolillos para evitar que el próximo 31 de diciembre entre en vigor un programa que provocaría una subida de impuestos para el conjunto de los ciudadanos del país. De hecho, una familia de clase media que ingrese entre 50.000 y 75.000 dólares anuales, pagaría alrededor de 2.400 dólares más en su declaración de la renta si los miembros del Capitolio no logran algún tipo de acuerdo.
Sin margen de maniobra, las partes implicadas regresan hoy a Washington antes de lo previsto, en busca de una solución momentánea que evite el salto sin paracaídas por el conocido como abismo fiscal, un ajuste de ingresos acompañado de un recorte automático de gasto, por valor total de más 600.000 millones de dólares.
Esta tormenta perfecta, donde también se incluye la necesidad de aumentar el techo de deuda estadounidense antes del próximo febrero, podría desembocar, según los expertos, en una recesión para la economía norteamericana, que volvería a disparar la tasa de paro por encima del 9 por ciento.
Conscientes del daño que provocaría en el consumo una subida impositiva de este calibre en la clase media, los congresistas demócratas y republicanos parecen dispuestos a aceptar un incremento de impuestos para las rentas más altas. Dicho esto, la semana pasada las desavenencias políticas entre la oposición y la Casa Blanca estancaron las negociaciones.
"Sólo Dios sabe si alcanzaremos un acuerdo", advertía el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, antes del receso navideño. Por su parte, Obama, quien adelantó a ayer su regreso a la capital desde Hawai, donde pasaba las vacaciones navideñas junto a su familia, se autodenominó como un "eterno optimista".
A día de hoy existen pocas alternativas. Boehner tuvo que desechar su plan B, que apostaba por una subida de impuestos sólo para los individuos cuyos ingresos superasen el millón de dólares al año. El speaker de la Cámara de Representantes no logró los votos necesarios entre su propio partido para que la medida saliera adelante. Por su parte, el presidente Obama hizo una concesión a los republicanos, al plantear la posibilidad de subir los impuestos a las familias que ganaran más de 400.000 dólares anuales, frente a los 250.000 dólares inicialmente previstos por el inquilino de la Casa Blanca.
En estos momentos, parece probable que ambas partes logren algún tipo de solución inmediata, para evitar una subida impositiva a la clase media. Ello supondría que los incentivos fiscales aprobados por la administración Bush expirasen para aquellas familias que ganen más de 250.000 dólares al año, aunque dicho tramo podría estrecharse hasta las que ingresen más de 400.000 dólares.
Sin embargo, otras partes clave de la negociación quedarían en el aire y, por lo tanto, podrían poner en jaque los mercados bursátiles de todo el mundo.
Por un lado, es necesario que, en su empeño por reducir el déficit, ambas partes logren un plan de recortes de gastos así como reestructuraciones dentro de los conocidos como entitlements, es decir, el sistema de Seguridad Social y programas sociales como el Medicare o el Medicaid. En estos menesteres, los republicanos consideran que la administración Obama y los demócratas no han realizado concesiones suficientes.
Por otro, existen otros asuntos espinosos. Un total de dos millones de ciudadanos corren el peligro de perder sus beneficios por desempleo. Obama es partidario de extender estas ayudas mientras los republicanos el programa demasiado caro. Además, tampoco debemos pasar por alto el techo de deuda del país, actualmente fijado en los 16,4 billones de dólares.
Está previsto que el país supere este límite en las próximas semanas, dando al Departamento del Tesoro un margen de maniobra de poco más de mes y medio para continuar financiando al Gobierno. Pero, si a finales de febrero el Capitolio no logra una extensión, EEUU podría verse en una situación similar a la de agosto de 2011, cuando las negociaciones de último minuto elevaron su capacidad de endeudamiento, pero provocaron la rebaja de calificación de S&P.