De 4 a 16 GB de RAM y SSD: así se revive un PC de hace 12 años
Un ordenador de 12 años no está muerto: está mal equipado. Un equipo con un Core 2 Duo E8400, un disco duro mecánico de 250 GB y 4 GB de RAM puede seguir funcionando con Windows 10 si se ataca el componente correcto. La secuencia documentada en este caso va de menos a más: primero ampliar la RAM de 4 a 12 GB, después un SSD de 240 GB, más tarde subir a 16 GB y, ya como capricho, cambiar el procesador. El coste de las piezas, sin contar el procesador, no llega a los 60 euros.
El punto de partida era desalentador. Windows 10 se le atragantaba a esa configuración, con arranques de
5 o 6 minutos y una sensación general de desesperación. La primera tentación fue la memoria: dos módulos de 4 GB DDR3 a 8,5 euros cada uno,
17 euros en total, que llevaron el equipo de 4 a 12 GB. La mejora se notó, pero poco. Y ahí está la primera lección.
¿Por qué añadir RAM no acelera el arranque de Windows?
Porque el arranque no es un problema de cantidad de memoria, sino de velocidad de lectura del disco. Windows 10 ocupa, según un cálculo que circula en el hilo, en torno a 3 GB y pico de RAM; con 4 GB ya carga el sistema en memoria y le sobra. El salto entre 4 y 12 GB no aparece al encender, sino cuando se abren muchas aplicaciones a la vez: la máquina corta empieza a tirar de archivo de intercambio en disco y la otra no. Con poca exigencia, la diferencia es casi imperceptible.
Hay más matices que conviene tener claros antes de comprar. Un módulo de 8 GB junto a otro de 4 GB no activa el dual channel, así que se pierde parte del caudal teórico, aunque el equipo sigue siendo usable. Y quien tenga un Windows de 32 bits puede ampliar lo que quiera: el sistema no leerá por encima de cierto umbral.
Comprar a ciegas es la forma más cara de no mejorar nada.El SSD: el cambio que sí se nota
Aquí es donde el rendimiento da un salto de orden de magnitud. Un forero aportó su propia medición: el mismo Linux Mint tarda
1 minuto y 45 segundos en arrancar desde un disco duro antiguo y
15 segundos desde un SSD.
La pieza salió por unos
20 euros para 240 GB, más un adaptador por 1,5 euros y un cable por otros 1,5. Con el SSD instalado, el equipo dejó de ser insoportable.
Linux Mint contra Windows 10 en el mismo equipo
El siguiente paso fue probar software libre. La instalación de Linux Mint junto a Windows 10 se complicó por una cuestión de BIOS: el equipo no ofrecía el disco nuevo como opción de arranque, arrancaba siempre con Windows. La solución no fue un programa milagroso, sino cambiar de orden los conectores SATA. A partir de ahí, todo rodó.
El resultado, con el mismo hardware, fue de
2 minutos de arranque en Linux Mint MATE frente a los 5 o 6 de Windows. El sistema se instaló en un disco de 80 GB con nada menos que
21.900 horas de trabajo a sus espaldas, pura
arqueología informática. Y quien prefiera otro entorno puede añadir el escritorio Cinnamon después desde el gestor de paquetes, sin reinstalar nada.
La factura de la renovación, pieza a pieza
- Dos módulos de 4 GB DDR3: 8,5 euros cada uno.
- SSD de 240 GB: unos 20 euros.
- Adaptador para el SSD: 1,5 euros. Cable: 1,5 euros.
- Un módulo de 4 GB reciclado de otro equipo para llegar a 16 GB.
El contraste con el precio de fábrica es llamativo. Un módulo DDR4 de 3.200 MHz de 8 GB pedido al fabricante salía por
130 euros, según el relato de un forero; el equivalente de otra marca lo encontró por
37 euros puesto en casa.
Un apagón repentino y una pasta térmica que no es un recambio anual
No todo fue ampliar memoria y disco. Otro de los equipos empezó a apagarse solo tras un rato encendido, y la explicación de taller fue que se había limpiado y renovado la pasta térmica, algo que, según el técnico,
se hace una vez al año. Eso no se sostiene. La pasta térmica se cambia cuando hace falta o no se toca. Averiguar la causa de un apagón requiere test: monitorizar temperaturas, probar la RAM, medir las líneas de alimentación de la fuente y, si nada cuadra, sospechar de la placa o de una incompatibilidad del sistema.
Como resumía otro forero, con SSD, 16 GB de RAM y ese procesador el ordenador «vuela» para navegar y programas básicos, aunque no para renderizar. Mientras tanto, el gasto se queda en el entorno de los 60 euros.