El «Acuerdo de Mar-a-Lago»: canjear deuda de EEUU por bonos a 100 años
La idea circula desde hace días en mesas de análisis de Wall Street y suena a broma pesada: que el Tesoro estadounidense obligue a sus acreedores extranjeros a cambiar sus bonos por otros a plazo ultralargo, no negociables y con cupón cero. La filtración la puso sobre la mesa Jim Bianco, fundador de Bianco Research, en un seminario web para clientes, después de que empezaran a circular rumores sobre un supuesto «Acuerdo de Mar-a-Lago». Bianco no cree que vaya a ocurrir pronto, si es que ocurre alguna vez, pero sostiene que Trump puede trastocar el orden financiero mundial en los próximos cuatro años y que conviene estar preparado.
El nombre es una variación del
Acuerdo del Plaza de 1985 y, antes, del
Acuerdo de Bretton Woods de 1944, ambos bautizados con los complejos turísticos donde se negociaron. La hoja de ruta que alimenta la idea procede de un documento de noviembre de 2024 firmado por Stephen Miran, candidato de Trump para dirigir el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, que propone reformar el sistema comercial mundial y corregir los desequilibrios provocados por la «persistente sobrevaloración del
dólar».
Qué propone exactamente el canje de deuda
El mecanismo, tal como lo describe Bianco siguiendo al exestratega de Credit Suisse Zoltan Pozsar, consiste en que otras naciones paguen más por la seguridad y la estabilidad que les proporciona EEUU. La fórmula: canjear parte de sus bonos del Tesoro por bonos a 100 años, no negociables y con cupón cero. Si esos países necesitaran efectivo rápido, la Reserva Federal podría facilitárselo temporalmente a través de una línea de crédito.
El propio Bianco admite que un movimiento así exigiría una cooperación internacional enorme y podría desestabilizar el sistema financiero global. De momento, los inversores en bonos no muestran signos de alarma y la negociación en el mercado del Tesoro ha estado especialmente tranquila. Su consejo a los clientes fue explícito: «Tómenlo en serio, no lo tomen literalmente». Y añadió una pregunta incómoda: si Trump está dispuesto a hacer estallar la OTAN, ¿por qué no iba a estar dispuesto a hacer estallar el sistema financiero?
El precedente: cuando Nixon cerró la ventanilla del oro
La discusión ha derivado rápidamente hacia la historia monetaria. El patrón oro de Bretton Woods funcionó hasta que Francia, viendo el gasto estadounidense en Vietnam, empezó a enviar barcos cargados de dólares para reclamar su oro. Nixon canceló «temporalmente» la convertibilidad y, como a los demás países no les hizo gracia, pronto se inventó otro anclaje: el petrodólar, con todo el crudo comercializándose en dólares y Arabia Saudí como pieza clave.
La lectura escéptica es que Bretton Woods nunca fue un patrón oro real, sino un equilibrio ilusorio: la convertibilidad solo aplicaba a bancos centrales y la mayoría de países mantenían paridades fijas o con márgenes mínimos sobre el dólar. El oro era una referencia de escaparate. Cuando dejó de serlo, el sistema siguió funcionando por inercia y por necesidad.
¿Se puede obligar a un acreedor a canjear su deuda?
Es la pregunta que recorre todo el análisis y la que nadie responde con precisión. Se apunta al chantaje arancelario como palanca: amenazar con aranceles a los países cuyas reservas dependen de esos bonos. Otros señalan que un canje forzoso es, en la práctica, una reestructuración de deuda, y que en el caso griego, cuando el acreedor es pequeño y pobre, se llama quiebra soberana. La diferencia es de grado, no de naturaleza.
El argumento más repetido es que declarar un impago sería pegarse un tiro en el pie. EEUU es deudor neto y Europa, China y Japón son acreedores netos, pero el grueso de la deuda estadounidense está en manos internas: fondos de pensiones, ahorro colectivo, la propia Reserva Federal. De los 33 billones de dólares de deuda, unos 9 billones están en manos extranjeras, en torno al 30%. Y buena parte de esa cifra aparece registrada en Caymán, Luxemburgo, Bélgica o Irlanda, lo que sugiere tenencias de origen difuso más que acreedores claramente identificables.
El dólar débil que no lo es tanto
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, declaró que EEUU mantiene una política de dólar fuerte. Bianco no ve contradicción: se puede buscar un dólar ponderado por comercio más débil para reducir el déficit comercial mientras los indicadores financieros del dólar se fortalecen. El índice Bloomberg Dollar Spot ha subido un 2,3% desde la victoria electoral de Trump.
La discusión sobre la duración de la deuda tiene consecuencias sobre la liquidez. Emitir a más largo plazo reduce la liquidez del sistema y, con ella, el combustible que ha alimentado las subidas bursátiles. La emisión de letras y deuda a corto plazo durante el último tramo de Yellen se señala como una de las razones del comportamiento del mercado en 2024. Alargar plazos es lo contrario.
El punto donde el análisis se atasca
Queda la duda de fondo: si EEUU puede permitirse un gesto así sin que el resto del mundo empiece a buscar alternativas. Los datos disponibles apuntan a que China ya compra menos deuda y gasta sus dólares en oro, y a que Japón tiene más peso comercial con China que con EEUU. Con esos mimbres, la pregunta no es si el canje es técnicamente posible, sino cuánto tarda un acreedor en dejar de creer en la garantía.