Rusia avanza en tierra mientras su fuerza aérea desaparece del radar
En el hilo se sostiene que Ucrania pierde terreno poco a poco mientras
Rusia apenas ha perdido aviones en combate aéreo. Esa paradoja articula el asunto. El planteamiento inicial, fechado en pleno 2023, era tajante: un Ejército que se presume el segundo del mundo no sería capaz de dar apoyo aéreo a sus tropas a un paso de su propia frontera. De ahí a concluir que la fuerza aérea rusa es inoperativa había un paso, y la conclusión se repite en el hilo. La pregunta que sobrevuela todo: ¿inoperancia técnica o una doctrina diseñada para no depender del aire?
¿Por qué no se ve la aviación rusa sobre Ucrania?
La respuesta corta que se repite es que no hace falta verla para saber que está. Un participante sostiene que la aviación rusa ha volado lo suficiente como para haber destruido la fuerza aérea ucraniana, aviones y helicópteros incluidos, y después los aparatos de fabricación soviética que la Europa del Este fue enviando,
sin perder un solo avión en combate aéreo y con muy pocas bajas atribuidas a las defensas antiaéreas. Si eso se sostiene, el asunto no va de capacidad, sino de visibilidad. En el hilo se da por hecho que Ucrania es uno de los países con más defensas antiaéreas del continente, y precisamente ahí se encona el desacuerdo: unos ven una fuerza aérea tímida; otros, una que calcula cada salida.
La doctrina soviética que no juega al aire que juega Occidente
Aquí está la clave que, según los críticos, muchos análisis occidentales se saltan. La doctrina militar rusa no concebiría la guerra como una exhibición de superioridad aérea. Para ellos el bombardeo es cosa del Ejército:
artillería, tanques y aviación de ataque, no cazas peinando el frente. La fuerza aérea occidental se construyó para dominar el cielo; la soviética y su heredera, para apoyar a quien rompe la línea por tierra. Se añade un elemento político, según un participante: Rusia habría repetido que no va a arrasar Ucrania al estilo de la OTAN porque lo considera un país hermano, parte de Rusia. Traducción rápida: no se arrasa lo que se pretende anexionar. Si eso es cálculo estratégico o simple propaganda es, justamente, lo que nadie cierra.
Su-35 contra F-35: la comparación que nunca se zanja
El pulso técnico es el más ruidoso. Hay quien sostiene que los aviones rusos son superiores a los occidentales, con el Su-35 como punta de lanza. Frente a eso, la respuesta desde el otro lado es que decide la electrónica, y que la superioridad estadounidense en aviónica exige varios aparatos rusos para igualar a uno americano. Curiosamente, la jerarquía se invierte al hablar de defensa antiaérea: los sistemas rusos, se sostiene en el hilo, no tendrían rival occidental. La maniobra de la cobra de Pugachev, ese frenado brusco en el aire, se ejecutó por primera vez en
1989 y no es patrimonio exclusivo de Moscú: el F-22 y el Eurofighter también pueden realizarla.
El misil caro contra el botón de cuatro duros
La tesis más incómoda es la del coste. Un caza es un cacharro carísimo que exige personal muy cualificado, mantenimiento constante y recursos sin parar; un dron o un misil barato obliga a gastar fortunas para defenderse. Cuanto más avanzado el avión, más duele perderlo y más fácil es saturar el cielo con medidas contracarro o antiaéreas. Y con una constatación: si la defensa aérea ucraniana sigue en pie después de tanto tiempo, algo falla en quien debía suprimirla. El arsenal guiado ruso, sostienen los más críticos, resultó escaso.
¿Puede la OTAN intervenir directamente?
Otra pregunta recorre el asunto entero: si Rusia es tan incapaz como se dice, ¿a qué espera la Alianza para entrar de verdad? La respuesta más repetida apunta a que Occidente prefiere no exponer su aviación a los sistemas antiaéreos rusos ni asumir el riesgo de una escalada. Hay quien añade que si Rusia desgastara su aviación, cuatro F-16 bastarían para ganar la superioridad aérea, y que por eso Moscú no pica. En el debe occidental se citan casos como el del
F-117 derribado en Yugoslavia por un misil de origen ruso usado por los serbios, o el de Israel disparando a Siria desde el Líbano sin entrar en su espacio aéreo.
El arma milagrosa que solo existe en una página
No todo el material resiste el escrutinio. Se llegó a describir un supuesto sistema ruso capaz de fundir el sistema eléctrico de un destructor estadounidense, un artefacto que, según los propios críticos, no existía fuera de las páginas afines. El detalle sirve para calibrar el resto: cuando la propaganda entra en la ecuación, la frontera entre capacidad real y folclore se difumina. Y así está el tablero.
Al final, la pregunta sigue abierta y no admite trampa: ¿cuánto de esta historia es una fuerza aérea que calcula, y cuánto una que simplemente no puede?