La AIE declara la mayor crisis energética de la historia
El mundo afronta la mayor crisis energética de su historia. La frase la pronunció este jueves el director de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, y no sonaba a advertencia de manual: la organización avisa de que los mercados van a sufrir grandes dificultades. El origen tiene fecha. El
28 de febrero, EE.UU. e Israel lanzaron una ofensiva conjunta contra Irán y el estrecho de Ormuz quedó reducido a la mínima expresión para el paso de petroleros. Desde entonces la historia se escribe en tiempo real, sin que nadie se atreva a firmarle un final.
Qué implica que Ormuz deje de ser un paso normal
Ormuz no es un cuello de botella cualquiera para el paso de petroleros, y basta con que la navegación se estrangule para que todo lo que se transporta empiece a temblar. La AIE habla de la mayor crisis energética de su historia.
Otra cosa es lo que pase de verdad.
Nadie sabe aún cuánto durará la ofensiva ni si el estrecho volverá a abrirse con normalidad. Y en ese hueco de incertidumbre es donde se instalan los escenarios más duros.
El miedo a un ahorro energético decretado a escondidas
Hay quien sostiene que el aviso de la AIE no busca informar, sino preparar el terreno para medidas drásticas de ahorro que se estarían cociendo a la chita callando, a la espera de que pasen las elecciones andaluzas. La tesis no es unánime, pero circula: primero el susto, después la restricción.
Enfrente pesa el escepticismo de siempre. Que si es teatro, que si llevamos años oyendo lo mismo. Y hay quien sostiene que volar gasoductos, cerrar estrechos y prohibir compras es el
nuevo peak oil: una profecía que se cumple sola, sin necesidad de que se agote nada.
Del patinete a la estufa de leña: el recetario casero
Con el grifo amenazado, el discurso del ahorro baja al salón de casa. Duchas de cinco minutos, dejar el coche aparcado, patinete, eléctrico si toca renovar, estufa de leña para quien tenga chalet. Recetas que se repiten en cualquier conversación de barra de bar y que, sumadas, dan para una rebaja modesta del consumo.
La otra pelea es de fondo: si el sistema se sostiene con renovables o si la apuesta por los molinos y las placas dejó el respaldo nuclear fuera del tablero. Quien defiende esta última tesis insiste en que el plan no tenía fisuras mientras el viento soplaba.