Agua de grifo: por qué sabe distinto según el barrio
En una misma ciudad, el agua que sale del grifo puede tener un sabor radicalmente distinto. No es una percepción subjetiva: depende de la fuente de la que provenga. En Barcelona, por ejemplo, el agua de la zona alta se nutre de depósitos de recogida de lluvia, mientras que otros barrios reciben agua de las depuradoras del Besós o del Llobregat. Y en las zonas más cercanas a la playa, se tira de desalinizadoras. Cuando la sequía obliga a usar las desalinizadoras del Prat, el agua resulta tan desagradable que ni sirve para cocinar.
La calidad del agua varía según la fuente
La clave está en conocer el origen. Las fuentes antiguas que se nutren de manantiales o acuíferos subterráneos ofrecen un agua muy distinta a la que circula por las redes municipales, que a menudo pasa por plantas de tratamiento y, en casos extremos, por desalinización. El resultado es que el agua de una misma ciudad puede tener minerales, sabores y calidades diferentes.
El mito del agua embotellada
Pero la confusión llega cuando se habla de agua embotellada. Muchas marcas venden agua «de manantial» que en realidad proviene de la red de distribución, tras pasar por potabilizadoras. El caso más famoso es el de Dasani, la marca de Coca-Cola que en 2004 vendió en Reino Unido agua del Támesis embotellada como «agua pura natural» a 1,41 euros por medio litro. La investigación periodística destapó que no era más que agua del grifo de la fábrica de Sidcup.
La paradoja es que el agua de fuente, gratis, puede ser de mejor calidad que la embotellada. Y sin embargo, muchos ciudadanos llenan garrafas en las fuentes públicas, mientras otros pagan por agua que es la misma que sale de cualquier cisterna. El marketing convierte el agua en una «experiencia hidrológica premium», pero al final, el líquido es el mismo.
El dato que descoloca: en Barcelona, el agua de la Font de Canaletas, la famosa fuente de las Ramblas, es la misma que sale de la cisterna de cualquier váter de esa zona.