Alemania autoriza atacar Rusia: los F-16 buscan bases fuera
Unos sesenta cazas F-16, según el recuento que maneja el hilo, van camino de Ucrania y una parte no dormirá en suelo ucraniano. El jefe del comando de aviación de la Fuerza Aérea ucraniana,
Serhiy Holubtsov, lo confirmó: parte de los aparatos se estacionarán en bases aéreas extranjeras. El argumento oficial es garantizar su seguridad. La ironía se explica sola: el caza que debía proteger Ucrania se protege a sí mismo fuera de Ucrania. Y Moscú ya le ha puesto precio a esa solución. El presidente del comité de defensa de la Duma Estatal,
Andrei Kartapolov, advirtió de que los F-16 y los aeródromos donde tengan su base fuera del país serán objetivo legítimo del ejército ruso si participan en misiones de combate. La actualización de los datos lleva fecha del
10 de junio y el tono no es tranquilizador.
El goteo de autorizaciones para atacar suelo ruso
Francia y Estonia mantenían la línea dura desde el principio. La novedad es Alemania. Berlín ha autorizado a Ucrania el uso de armamento alemán contra objetivos militares en territorio ruso, un giro que pesa más que los anteriores: es el país que llevaba dos años calculando cómo volver a ser socio comercial de Moscú para sostener su
industria. Se filtra, además, que la Administración de Joe Biden habría dado permiso
en secreto para emplear su armamento dentro de Rusia, aunque limitado a una zona concreta. Zelenski lo resumió a su manera: usar cualquier arma occidental en territorio ruso es, dijo, «una cuestión de tiempo».
Según se sostiene en el hilo, cada permiso se concede con la misma coartada formal: son acuerdos bilaterales, no decisiones de la OTAN como bloque. De ahí que los países más belicosos insistan en esa distinción, porque deja a cada capital sola frente a la respuesta rusa. Es una arquitectura pensada para que nadie tenga que firmar la escalada entera.
¿Por qué Moscú habla de objetivo legítimo?
La respuesta rusa no se queda en los F-16. Medvédev ha advertido de que todo el equipamiento y el personal militar occidental que luche contra Rusia será destruido, tanto en territorio ucraniano como en el de otros países si desde allí se lanzan ataques. Sobre la mesa está también el paraguas nuclear: al menos
dos radares de alerta temprana rusos han sido atacados en tres ocasiones, según se afirma en el hilo, instalaciones que el autor sitúa bajo el paraguas del artículo 19c de la doctrina nuclear rusa.
Ahí se abre la discrepancia. Una lectura sostiene que Moscú necesita coartadas para justificar una escalada que ya tenía decidida. La otra responde que un radar de alerta temprana no es un objetivo cualquiera y que tocarlo es jugar con el sistema que avisa de un lanzamiento. Ninguna de las dos lecturas se ha cerrado, y el artículo 19c sigue sin traducirse en un hecho verificable.
Los minerales críticos ucranianos y la cuenta económica
Hay un interés material que se cuela en todas las quinielas. El senador republicano Lindsey Graham sitúa los recursos ucranianos en minerales críticos entre
10 y 12 billones de dólares y lo dijo sin rodeos: el país podría ser el más rico de Europa, y no piensa dejar esos activos a Putin para que los comparta con China. Si Kiev gana, esos recursos quedan disponibles para Ucrania y sus socios occidentales.
La industria de defensa contrata al ritmo más alto desde la Guerra Fría
El
Financial Times publica que las empresas de defensa globales están contratando trabajadores al ritmo más rápido desde el final de la Guerra Fría. En paralelo, la OTAN diseña varios corredores terrestres para llevar tropas estadounidenses y blindaje a la primera línea en caso de guerra europea, con desembarco en
cinco puertos y rutas logísticas previamente planificadas. Un participante apunta que el mercado olió algo parecido: las petroleras estadounidenses pegaron un arreón en bolsa descontando los ataques ucranianos a refinerías rusas.
La guerra como excusa para el estado de excepción
Convive con todo lo anterior una corriente escéptica con el relato. Su tesis: ninguno de los estados implicados tiene hoy industria, logística ni capacidad de leva para una guerra industrial sostenida, y lo que de verdad se busca es instaurar el estado de excepción que solo una situación tan grave como la guerra permite declarar. Encaja con el goteo de noticias sobre recuperar el servicio militar y con la sensación de que la economía europea ya no daba más de sí.
En eso, y solo en eso, coinciden los bandos: algo se está reorganizando. Lo que no está escrito en ningún sitio es cuánto de esto es disuasión y cuánto es preparación. La próxima línea roja tiene número. ¿Alguien lleva la cuenta?