Francia se queda sin diésel en 1.500 gasolineras y avisa a Europa
Serán 1.500. Exactamente eso: 1.500 gasolineras francesas se han quedado sin diésel o sin gasolina, el 15% de la red del país, y el aviso ya se ha trasladado al resto del continente. El mensaje que acompaña a la cifra es aún menos tranquilizador: las refinerías han empezado a recortar la producción de gasolina y la escasez de diésel sería solo el primer capítulo de la película. Cuando el suministro deja de ser una hipótesis y se convierte en una fecha, el precio del litro pasa a segundo plano.
¿Qué está pasando con el diésel en Europa?
Los mimbres del relato son tres. El primero es el desplome de las exportaciones de diésel: lo poco que se refina se queda en los países productores para consumo interno y el resto de mercados se queda mirando al tendido. El segundo es el movimiento de las refinerías, que ya estarían reduciendo también la producción de gasolina, con Europa como principal damnificada por su dependencia importadora. El tercero es la foto fija francesa: 1.500 estaciones secas.
No conviene perder de vista que la industria pesada —transporte, locomotoras, barcos— sigue funcionando con gasóleo. Quien sostiene que el diésel no puede acabarse nunca tiene un argumento sólido: si desapareciera, desaparecería la sociedad industrial tal y como está montada. Quien responde a eso suele añadir una frase incómoda: en eso estamos, ¿o no lo has notado?
¿Por qué cae a plomo el gráfico de exportaciones de diésel?
Porque está mal leído. El gráfico procede de Vortexa, una fuente solvente, pero sus datos son semanales. La semana que aparece hundida lleva un solo día contabilizado: si la media son 7.000 millones por semana, o 1.000 millones al día, es normal que ese punto marque 1.000 millones y parezca un precipicio. Al cerrar la semana volverá a 6.000 o 7.000. Cae, sí. Pero no lo que el titular pretende.
Ahí se partió el asunto en dos. Los que ven una manipulación de manual —«un tuit de Juanito Pérez no oficializa nada»— y los que creen que el goteo de sustos es deliberado: pequeños shocks en occidente como anticipo del shock gordo. Entre medias, el runrún de octubre, que en el momento de escribir estas líneas estaba a nueve días de distancia.
Quién paga el gasoil a dos euros: el repartidor sin margen
El eslabón débil no es el transportista con flota ni el fontanero, que repercuten la subida en la factura. Es el autónomo de furgoneta que trabaja para una plataforma. No pone el precio, lo pone la agencia; si sube tarifa, le quitan la ruta. El gasoil lo paga él y el beneficio se lo queda el de arriba. Con el litro a dos euros se le come el margen; a 2,20, cierra la persiana. Muchos ya están dejando la furgo.
La alternativa que se les vende es la furgoneta eléctrica con fondos europeos, y el cálculo completo, partida a partida, deja un reguero de letra pequeña: revisión, alquiler de batería, recambio. El que aguante, veremos a qué precio.
¿Por qué el barril baja mientras el litro sube?
Es la pregunta que nadie cierra. El Brent ha bajado un 3% y cotiza por debajo de muchos años posteriores a 2008 en los que el litro apenas pasaba del euro. Con dos estrechos clave para el tráfico de petroleros cerrados y una guerra extendiéndose como el aceite, el crudo debería estar por las nubes. No lo está. O los mercados manejan información que el resto no tiene, o el desacople entre barril y surtidor es puro margen.
En el otro lado de la balanza están los datos que rebajan el drama: el consumo de petróleo en China cayó un 9% en el segundo trimestre, un 16% en el sector del transporte, y España tiene capacidad de refino de sobra, exportador neto de productos refinados desde hace años. Los precios internacionales, consultables estación por estación, dibujan además un mapa donde el litro a dos euros lo pagamos cuatro países mientras media Asia, medio África y media Sudamérica repostan bastante más barato.
Queda el detalle que descoloca: las reservas estratégicas de combustible, calculadas para 90 días de consumo del país, siguen sin tocarse. Si el grifo se hubiera cerrado de verdad, ya habrían entrado en juego. Nadie ha explicado todavía por qué no lo han hecho.