Presumir del dinero robado a un mayor ya no se esconde
Un anciano vasco de 82 años conoció a una mujer en un restaurante de Bruselas el 25 de enero de 2022. Tres años antes había enviudado tras más de seis décadas de matrimonio. Según el relato de la sentencia que publica El Correo, ella «le hizo creer que tenía un interés amoroso en él» y, aprovechando su vulnerabilidad y su soledad, le arrebató 397.205 euros. Él lo resumió así: «Quise creer que había tenido mucha suerte».
El caso no es una excepción rara. A él se suma la escena que ha vuelto a encender el asunto: una cuidadora que, según las imágenes que circulan, presume en TikTok de los gastos que financia con el patrimonio de un anciano con demencia al que dice atender. Nadie que haya leído la sentencia se sorprende. Lo que escandaliza es el escaparate.
El fraude a mayores que se presume en redes
La discusión pública no va del delito, sino de su exhibición. El patrón es siempre el mismo: persona mayor, aislamiento, dependencia y un tercero que administra dinero ajeno. Sobre la cuantía exhibida en las imágenes circula un cálculo que la sitúa entre 8.000 y 10.000 euros, aunque es una estimación sin verificar. Otras voces elevan la cifra típica de estos fraudes a 200 o 300 euros diarios, otra cifra que nadie ha auditado.
Hay quien sostiene que el problema es la impunidad y pide controles: tutelas, revisión de poderes notariales, auditoría de cuentas cuando hay un dependiente declarado. Enfrente pesa el argumento contrario: ningún control detecta a tiempo a quien se gana la confianza durante años. Y hay una tercera lectura incómoda, la de que el verdadero colchón del fraude es la soledad, no la ley.
Una IA que vigile tu cabeza cuando seas viejo
Entre las salidas que se han puesto sobre la mesa, una circula con insistencia: sistemas que evalúen el deterioro cognitivo antes de que alguien firme un poder o vacíe una cuenta. Es la parte menos resuelta del asunto. Ningún algoritmo devuelve el dinero ya gastado.
El dato que descoloca no es la cifra. Es que el estafador ya no necesita esconderse para cobrar.