Taladrar silestone sin corona de diamante: funciona
¿Se puede perforar una encimera de silestone con brocas para acero en lugar de comprar una corona de diamante? Según el relato de un participante que dice haberlo hecho, sí. Y el resultado, siempre según su testimonio, fue un agujero «perfectamente cilíndrico, ni envidriado ni destellos». La clave no fue el útil, sino el método:
brocas HSS bien afiladas, taladro sin percutor, velocidad corta, ráfagas de un segundo y refrigeración continua con agua. El ahorro frente a la herramienta específica: entre
40 y 50 euros que no se gastaron, según su cálculo.
La duda de partida era razonable. El silestone es un compuesto de cuarzo aglutinado con resina, y el calor es su enemigo: un taladro a plena revolución quema la resina alrededor del orificio y deja un cerco marrón difícil de disimular. De ahí que la recomendación ortodoxa pase por una
corona diamantada, útil profesional que rara vez baja de esas cifras y que para un solo agujero en la vida no amortiza nadie.
El truco de la botella y la silicona
El sistema de refrigeración casero que se describe es lo más ingenioso del asunto: se corta una botella de plástico, se pega el borde al mármol con silicona y se llena de agua. El agua se queda ahí, sobre el punto de perforación, y la broca se va mojando sola. Un hilo de agua del grifo hace el mismo papel si la encimera está cerca del fregadero.
Sobre el procedimiento, el consenso es claro:
empezar con broca de 3,5 mm y subir de medio milímetro en medio milímetro hasta los 12. Entre paso y paso, cinta americana por debajo para evitar astillas en la salida. Ráfagas cortas, nunca presión sostenida. La paciencia, aquí, vale más que la herramienta.
¿Merece la pena el riesgo de astillar la encimera?
Es la objeción que sobrevuela toda la conversación. Quien más quien menos admite que no jugaría con un material caro: si el agujero se descantilla o se raja, el remedio cuesta bastante más que la broca ahorrada. La alternativa del profesional —un marmolista con corona de diamante— aparece como la opción sensata para quien no quiera asumir ese riesgo.
Hay incluso una tercera vía que evita el taladro: los grifos mixtos que integran el agua osmotizada en el mismo cuerpo que el grifo normal. Se instalan en el agujero existente y no hay que perforar nada. El problema es el precio, y que el grifo convencional suele estar en buen estado.
El resultado final, con el grifo ya montado, es la mejor defensa del método:
lonchafinismo bien entendido, el de no comprar lo que no hace falta. Aunque para llegar hasta ahí haya que rezar un poco en cada ráfaga.