El hilo se parte entre siglos de inundaciones y más intensidad
El hilo ya no discute el agua, discute por qué. Y ahí se ha roto en dos. Una mitad habla de siglos de inundaciones en esta zona. La otra responde que lo que cambia es la intensidad y la frecuencia. Entre medias caen tuits, vídeos, un enlace de hemeroteca y unas cuantas salidas de tono que no ayudan a que la cosa baje. Nadie se ha movido de su sitio, pero el tono sí se ha movido: del repaso al mapa al puro cabreo.
Porque en el hilo también se pegan cosas. Una de ellas:
Qué se ha sabido
Un participante amplía su repaso del mapa con un detalle que se le había escapado:
«El pueblo está en un hondo, vamos que llevaban todas las papeletas». El agua llega y no tiene por dónde salir.
Otro mira al cielo y avisa:
«Tormentas fuertes o muy fuertes para este domingo y lunes en el centro, el sur y el Mediterráneo. El aviso está dado». Lo suelta con un enlace a la previsión, como quien deja la fecha puesta en el calendario.
Y entra un enlace de hemeroteca:
una rambla de Murcia donde se iba a levantar una guardería. La noticia es de hace años y el asunto es el mismo de siempre.
El mapa se estira. Valencia, con pueblos arrasados y coches amontonados. Tarragona, igual. Y alguien zanja que
«eso no es Albacete. Es un pueblo y muy seguramente del sur», como si el sitio cambiara algo.
También se pregunta por la presa que, según algunos, explicaría todo:
«qué presa han abierto ahora?». Del otro lado se responde que no hace falta ninguna presa para que un barranco se convierta en un embudo. Y hay quien bromea con que los coches siniestrados acabarán en ofertas de segunda mano.
Dónde está la bronca
En si esto es lo de siempre o es otra cosa.
Un lado repite que las lluvias torrenciales de otoño son de aquí desde hace milenios y que llamarlas cambio climático es un decreto:
«Las lluvias torrenciales de otoño, propias de nuestro clima desde hace milenios, ahora por decreto son causa de un 'cambio climático'». Se añade que el problema no es el clima, sino
«la cantidad de construcciones, carreteras, viales» que no existían hace cuarenta años y que ahora encauzan el agua hacia donde no toca.
El otro lado no compra el marco. Un participante insiste en que el asunto real es
«la aceleración del fenómeno en tiempo e intensidad» y responde a varios usuarios con descalificaciones, sin entrar a discutir el fondo. Otro contesta con ironía:
«Oh claro, porque antes de que quemásemos petróleo el clima fue siempre constante, nunca hubo cambios de intensidad en el tiempo».
Hay también quien pone el foco en el mantenimiento:
«Esto de no limpiar los barrancos me gustaría saber a quién se le ocurrió para pasarle la factura». Y quien avisa de que los afectados pueden esperar sentados, comparándolos con los de otras catástrofes recientes.
La bronca se envenena y salta al terreno ideológico. Quien defiende la explicación de los siglos cierra su mensaje reprochando al otro su ideología. Y desde el otro lado se contesta que quien niega la aceleración se retrata. Ahí ya no se habla de agua.
El río que no sale en Google Maps
La aportación más concreta del tramo llega de un participante que iba mucho a la zona. Su padre era del pueblo de al lado y siempre pasaban por un río, el Valdemembra:
«Cada vez que íbamos, pasábamos por un riato, el Valdemembra». Se acuerda de lo que le decía: que ahora no es nada, pero que cuando crecía arrasaba con todo. Y remata:
«Y no se ve en el Google Maps.»
Es la misma idea que repiten otros en el hilo: el cauce está, lo que no está es a la vista.
Qué cambia respecto a antes
Que la pelea se sale del urbanismo y entra en la trinchera política. Ya no se discute dónde se construyó, sino quién tiene razón y de qué lado está cada uno.
Entran municipios y zonas nuevas en la conversación —Valencia, Tarragona, los barrancos— y con ellos la sensación de patrón que se repite. Y entra un aviso con fecha: tormentas fuertes para el domingo y el lunes. El hilo, mientras, sigue a lo suyo.