Jeff Bezos respalda a José Andrés: falta vivienda, no decretos
¿Cuántas viviendas nuevas crea un real decreto? La pregunta la formuló el chef José Andrés en un post que se hizo viral por un motivo lateral: el aval de Jeff Bezos. El fundador de Amazon respondió con un «100% correct diagnosis and prescription. And it's not just in Spain» y le dio al cocinero una caja de resonancia que ningún anuncio oficial habría comprado. La tesis es simple y directa:
España no tiene un problema de falta de decretos, tiene un problema de falta de viviendas. Y quien lo dice no es un promotor con suelo en cartera, sino un cocinero.
Subvencionar la demanda sin construir oferta
Sobre esa base, el diagnóstico se despliega sin fisuras. Subvencionar la demanda sin aumentar la oferta presiona los precios al alza. Regular cada vez más un mercado sin construir vivienda nueva no elimina la escasez: la administra. Y castigar fiscalmente una modalidad de alquiler puede cambiar incentivos, pero no pone un solo ladrillo. La receta que propone pasa por
más suelo disponible, licencias en meses y no en años, más densidad donde sea posible, seguridad jurídica y muchísima más vivienda pública, además de privada.
Nada revolucionario, salvo por quién lo firma.
El texto insiste en una idea que incomoda a los dos lados: el Gobierno puede aprobar todas las medidas que quiera y venderlas como grandes soluciones, puede encadenar decretos, anuncios y campañas, pero hay una pregunta que desmonta cualquier discurso. Cuántas viviendas nuevas crea todo esto. Porque la vivienda no se abarata repartiendo la escasez, se abarata acabando con ella.
El choque real: ¿sobra oferta o sobra demanda?
Aquí se rompe el consenso. Hay quien da por bueno el diagnóstico y pide ladrillo a toda velocidad. Y hay quien responde que el problema no es de oferta, sino de demanda: se sostiene que el país recibe volúmenes de población que ningún plan de construcción absorbe, con cifras que se manejan por encima del millón de llegadas anuales y acumulados de cinco millones en cinco años. El contraste que se esgrime es la década pasada: entre 2010 y 2019, con la población estancada o en ligero declive, no hubo un problema de vivienda equivalente, según ese mismo argumento. La conclusión que extraen es que el origen no está en el stock, sino en el flujo.
La réplica llega por la vía aritmética. El ratio entre número de personas y número de viviendas admite corrección por los dos extremos, y nada impide atacar ambos parámetros a la vez, insisten. Otra línea de crítica usa la metáfora del aforo: un bar tiene aforo, un estadio tiene aforo, pero un país con infraestructura que solo se amplía lentamente, según este argumento, no tendría límite. Y se cita el caso de Estados Unidos, donde según esta lectura la presión sobre los precios habría empezado a ceder tras endurecer la política migratoria.
Todo ello sin una sola fuente que lo respalde, conviene decirlo.
El cuello de botella que no aparece en los decretos
Construir no es solo poner ladrillos. Hace falta red eléctrica, agua potable, alcantarillado, carreteras y una potencia energética que hoy no sobra. Es un argumento que recorre buena parte de las respuestas: llevar electricidad a miles de pisos nuevos es un desafío de primer orden en un sistema con problemas graves de producción. Si se cierra el parque de generación y se demuelen presas mientras se pretende levantar barriadas enteras, la cuenta no sale por ningún lado.
Sobre ese fondo planea una tesis más radical, la del decrecimiento. Si el objetivo declarado, desde marzo de 2020, es consumir menos, construir más va en dirección contraria, y por eso sostienen que no se va a construir ni una vivienda más de las estrictamente necesarias para el negocio inmediato.
El límite físico —energía, agua, red— es el mismo para todas las posturas, y ninguna de ellas lo ha metido aún en la ecuación del precio.
¿Alquiler o propiedad? El 90% demanda propiedad, según el hilo
Uno de los reproches más certeros apunta a la diana equivocada. Los decretos se centran en el alquiler, cuando la demanda mayoritaria es de propiedad: se sostiene que el gran engaño consiste en hacer creer que el problema se arregla arreglando el alquiler y no la propiedad, que es lo que pide hasta el 90% de la población. Si el parque público se orienta solo al alquiler y la demanda real quiere comprar, el efecto sobre los precios es limitado por definición.
En paralelo aparece la vivienda pública. Varias voces defienden que debe ir a alquiler o cesión temporal, nunca a compra, porque la venta de VPO ha acabado generando negocio con dinero público y luego un problema de mantenimiento que se come cualquier ahorro.
Un parque público que se vende deja de ser parque público. Y sobre el aval de Bezos pende la sospecha de siempre, el interés: hay quien recuerda que el fundador de Amazon tiene su propia apuesta por la construcción industrializada y quien anticipa titulares sobre las inversiones inmobiliarias del cocinero en España.
El diagnóstico del chef es difícil de rebatir en su núcleo: se construye poco y se legisla mucho. El aval de Bezos, en cambio, invita a leer la letra pequeña. Cuando el respaldo llega de quien vende naves prefabricadas, el consenso dura lo que tarda en aparecer la factura. Queda la pregunta del principio, la única que nadie contesta: cuántas casas nuevas. Y seguimos sin el número.