Alberto Iturralde y Bitcoin: el analista que nunca vio la subida
Alberto Iturralde es un analista de bolsa con años de recorrido en medios y canales propios. Sobre Bitcoin, sus críticos le reprochan un historial de pronósticos fallidos. Según un mensaje que circula en un foro, cuando el precio rondaba los
20.000 dólares, sostuvo que la criptomoneda caería hasta los
3.000. No ocurrió. Bitcoin siguió subiendo y el analista quedó retratado, según la lectura más repetida entre quienes siguen el mercado cripto.
La discusión sobre su figura no es nueva. Vuelve cada vez que publica un vídeo o concede una entrevista. Y vuelve, sobre todo, porque su tono catastrofista encaja mal con un activo que lleva más de una década sobreviviendo a cada profecía de colapso.
Por qué Iturralde se equivoca con Bitcoin, según sus críticos
El argumento más repetido es el de los
prejuicios. Se sostiene que Iturralde analiza Bitcoin con el marco mental de la bolsa tradicional y que ese marco le impide ver lo que el activo tiene de distinto: escasez programada, halving, adopción institucional vía ETF. Un analista que no compró cuando debía, razonan, difícilmente va a reconocer después que se equivocó.
Hay quien va más lejos y lo sitúa en la categoría de los
vendehumos. Si tan buen analista fuera, dicen, no perdería el tiempo vendiendo humo sino que lo dedicaría a forrarse. El argumento tiene su lógica circular: si aciertas, inviertes; si no inviertes, es que no aciertas.
Otra línea de crítica apunta a su canal y a sus titulares sobre Ucrania y Rusia. Se le reprocha un sesgo prorruso y conspiranoico que, según esta lectura, contamina también su análisis financiero. La objeción no es menor: quien yerra en el marco geopolítico, ¿por qué iba a acertar en el monetario?
El escenario bajista que sí tiene argumentos
No todo es descalificación. Un análisis más técnico plantea que Bitcoin podría caer hasta los
35.000-40.000, que sería su valor teórico según cierto criterio. No significa que lo haga, solo que ese es el coste actual bajo esa óptica. Y sobre el cero: sí, puede ir a cero, pero dentro de muchos años, aproximadamente dos antes de que la recompensa por bloque sea nula.
El mecanismo que explicaría una caída de ese calibre sería la aparición de los ETF. Los grandes inversores de riesgo pueden estar comprados en los
70.000-65.000 y ponerse cortos, haciendo barridos bajistas. O apostar a la baja sin tener BTC comprado, o apalancados. El resultado sería el mismo: más presión vendedora.
Es un escenario elegante, reconocen, pero hipotético. La condición es que los institucionales jueguen a la baja. Si juegan a la alta, el argumento se desmorona.
La pregunta que nadie responde: ¿cuándo?
El problema de todos los pronósticos sobre Bitcoin es el calendario. Decir que caerá a cero algún día es trivial: todo cae a cero algún día. Decir cuándo es lo que separa al analista del adivino. Y ahí Iturralde, como casi todos, navega sin brújula.
La ironía final la firma quien recuerda que el analista dijo que Bitcoin iba a cero y va a ser que no. La frase, repetida con sorna, resume el estado del asunto: el pronóstico sigue en pie sobre el papel, pero el precio no colabora.
Con estos mimbres, la discusión no se cierra. Iturralde seguirá publicando y sus críticos seguirán esperando el momento en que se equivoque de nuevo. O en que acierte. Nadie sabe cuál llega antes.