El juicio a Alves arranca sin pacto y con 28 testigos
No hubo acuerdo. La vista contra el futbolista Dani Alves ha arrancado en la Audiencia de Barcelona sin pacto entre las partes, después de que su defensa pidiera suspender el proceso alegando un «juicio paralelo en los medios de comunicación» que vulneraría la presunción de inocencia y el tribunal rechazara la petición. El caso entra en sala con
28 testigos, entre ellos la denunciante, una amiga y una prima que la acompañaban la noche de los hechos, personal de la discoteca Sutton y la propia mujer del jugador, Joana Sanz.
Todo lo que ocurra a partir de aquí depende de tres nombres: Isabel Delgado Pérez, Luis Belestá Segura (ponente) y Pablo Díez Noval, los magistrados de la Sección 21.
Ellos firman la sentencia. Ni el ruido mediático ni la contabilidad de las copas deciden por sí solos. Lo llamativo es que casi todo el relato gira alrededor de un hecho que nadie discute —hubo un encuentro en un reservado— y de un punto que sigue abierto: si fue consentido.
Qué declaran los testigos sobre la noche de Sutton
La amiga de la denunciante, que declara como testigo junto a una prima y una tercera joven del grupo, sostiene que el asedio no empezó dentro del baño. «Estaba este señor de pie. Tenía una actitud babosa, me puso la mano en la espalda y casi me toca el culo», declaró, y añadió que se marchó al otro lado de la mesa, «prácticamente sola». Según esa misma versión, a una tercera amiga el futbolista también habría intentado tocarle sus partes íntimas. Son afirmaciones que sostiene la acusación y que la defensa discute.
De la denunciante, la testigo describe un cuadro que se ha repetido durante la instrucción:
no quería denunciar. «Nos costó muchísimo, de verdad. Estaba en shock», declaró. A día de hoy, según su relato, ha perdido peso, está ansiosa, ha reducido su círculo de amistades y evita salir de casa porque cree que todo el mundo la mira. Un trabajador de Sutton declaró que la joven llegó llorando y diciendo que no quería dinero sino justicia. Son testimonios, no hechos probados: la valoración corresponde al tribunal.
¿Por qué no ha habido acuerdo de conformidad?
Antes de que empezara el juicio, la defensa y la acusación se reunieron con el tribunal. No hubo trato. Inés Guardiola y Ester García comparecieron y el proceso siguió adelante, lo que deja el resultado en manos de la sala y no de una negociación previa. En un asunto con daño moral sobre la mesa, ese detalle tiene consecuencias económicas muy concretas.
Una lectura que circula entre los participantes sostiene que la reparación del daño se mueve como máximo en torno a los
150.000 euros, con lo habitual más cerca de los 50.000, y que ese atenuante obliga a aplicar la mitad inferior de la pena: unos seis años. Si además se acepta la embriaguez que la defensa quiere acreditar con el testimonio de Joana Sanz, el suelo se iría a los tres. El desglose atenuante a atenuante deja un margen que sorprende a quien espera cifras cerradas.
Todo o nada no existe aquí.
La presunción de inocencia y el juicio paralelo
Inés Guardiola planteó en las cuestiones previas que la cobertura del caso había contaminado el proceso. El tribunal lo rechazó. El debate tiene recorrido: cuando hay un personaje famoso de por medio, la frontera entre lo que publica un medio y lo que un juez considera acreditado se difumina, y las defensas suelen intentar capitalizarlo.
El argumento de fondo es incómodo. La presunción de inocencia no significa que el caso no pueda contarse, pero tampoco que la sentencia esté escrita antes de empezar. En ambos lados hay quien da la condena o la absolución por hecha. La sala, por ahora, solo ha dicho que el juicio continúa.
El segundo frente: la exmujer y la contrademanda
Fuera de la causa principal hay otro pleito. Dinorah Santana, exmujer del futbolista, había demandado primero alegando haberse sentido utilizada y, según su versión, recibió instrucciones del entorno del jugador sobre lo que debía decir a la prensa al salir del aeropuerto o de prisión con los niños; menciona incluso un grupo de mensajería con periodistas y abogados. Alves ha respondido con una contrademanda. Son dos procedimientos, no uno, y el desgaste público se reparte entre ambos.
Qué cabe esperar de la sentencia
Con 28 testigos, una acusación que sostiene que la versión de la denunciante no cambió y una defensa que discute esa lectura, es probable que la resolución se apoye en detalles —tickets, horarios, testigos de oído— más que en grandes titulares. Probable, no seguro. La única certeza es que el desenlace no lo escribe la prensa, y eso, en un caso como este, es casi tan relevante como la condena.