Alvise prometió sortear su sueldo y sus cargos se dieron a la fuga
El partido que prometió sortear el sueldo de su líder entre los votantes llegó al Parlamento Europeo y, poco después, empezó a perder por el camino a quienes debían sostenerlo. Es la paradoja que resume la trayectoria de Alvise Pérez: un proyecto nacido para canalizar el desencanto y que, según las versiones que circulan, acabó convertido en un problema de gestión cuando tocó repartir cargos. Ninguna estructura aguanta mucho si el primer disidente aparece retratado en público.
La primera escena que se recuerda no es un mitin. Es la de un líder celebrando su acta en un reservado junto a
El Pequeño Nicolás. Hay quien sostiene que ahí ya estaba todo dicho. No hizo falta saber más.
El sorteo del sueldo que nunca se vio
El eje del mensaje era sencillo y muy vendible: el diputado no cobra para sí, sortea su nómina entre quienes le votaron. Tenía su punto de golpe de efecto. El problema, señalan los más críticos, es que el gesto funcionaba como eslogan y no como estructura. Un partido no es una cuenta de redes sociales, por muy alto que se grite en ellas.
En la conversación se repite un cálculo que circula sin confirmar: la suma del acta, el aforamiento y una asignación sostenida durante cuatro años convertirían el gesto en un modo de vida bastante cómodo. Y sobrevuela una pregunta que nadie responde del todo: ¿se sigue sorteando ese sueldo o se dejó de sortear cuando dejó de ser rentable contar que se sorteaba?
Cargos en fuga y una plantilla que no llega
Que no consiguiera cuadrar dos nombres para un par de puestos menores es el reproche más repetido. El diagnóstico que domina es que sobra verbo y falta organigrama. Un agitador puede ser un diputado excelente y un pésimo jefe de partido; son oficios distintos, y el segundo exige aguantar el ruido sin romper el juguete.
El asunto se agrava cuando el conflicto interno se resuelve aireando datos de quien discrepa. ¿Cómo se convence a nadie de que se sume si el primer reproche acaba en escaparate público y hoguera mediática? Con ese manual, la cantera se seca antes de existir.
A eso se añade la estampida de cargos electos que se marchan sin hacer ruido. En un partido recién nacido, cada salida se nota el doble. La sensación de que el barco se sostiene con una sola persona y ningún remero es difícil de disimular.
La misión de restar votos a VOX
Aquí se cruzan dos relatos incompatibles. Para unos, el objetivo era robar votos a la derecha y allanar el camino al Gobierno; para otros, el votante de esta formación no sale de las filas conservadoras, sino de la abstención pura y dura. Los segundos tienen un argumento a mano: quien no votaba nunca mueve un contingente que el recuento tradicional no suma. Y ese contingente, por definición, no le falta a nadie porque nunca estuvo.
El cálculo pesimista es que el resultado se queda en un puñado de escaños, insuficiente para tumbar nada y suficiente para dividir. El optimista recuerda que también se decía lo mismo de otras irrupciones. Nadie ha cerrado la cuenta.
Un votante de castigo y de protesta
El perfil que se dibuja es el de gente que jamás pasaría por las urnas para un partido clásico, o demasiado joven para haberlo intentado antes, y que encontró en el nombre una forma de decir basta. El nombre, a veces, pesó más que el programa. De ahí salen los votos más volátiles del sistema.
Conviene decirlo sin adornos: quien vota contra algo rara vez repite. Sostener esa base exige resultados, no gestos, y los resultados son lo único que no se sortea. La fidelidad del voto protesta dura lo que dura la indignación.
Dónde se atasca el análisis
El desenlace sigue abierto. Hay quien mantiene un voto de confianza a la espera de que el asiento europeo sirva de altavoz, y quien ya da por hecho que el proyecto se apaga solo. En redes, el personaje ha generado hasta un género propio de imitaciones, y en tono de broma se ha llegado a bautizar una supuesta criptomoneda con su nombre. La duda que nadie resuelve es de dónde saldrá la próxima candidatura que pesque ese desencanto. Porque el desencanto, ese, no se va a ninguna parte.