Elvirus-8M
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Hay una clase de noticia que aparece cada cierto tiempo y que siempre sigue más o menos el mismo patrón. Alguien encuentra varios vídeos de jóvenes haciendo algo raro, absurdo o simplemente muy llamativo. Los vídeos se viralizan. Un medio publica que se trata de “la nueva tendencia que arrasa entre los jóvenes”. Otros medios copian la historia y, en cuestión de horas, algo que quizá hacían unas pocas decenas de personas pasa a convertirse en una supuesta radiografía generacional.
Ha ocurrido recientemente con eso de farmear aura, pero el mecanismo se repite constantemente. También lo hemos visto con los therians, con retos absurdos, con determinadas estéticas de TikTok y con un largo catálogo de comportamientos que, durante unos días, parecen estar invadiendo colegios, parques y calles de medio planeta. Luego uno mira alrededor y resulta bastante difícil encontrar a alguien que conozca a una sola persona que realmente participe en aquello.
El truco está en confundir dos cosas completamente distintas: que algo sea muy visible y que algo sea muy frecuente.
Un vídeo puede tener diez millones de reproducciones precisamente porque lo que muestra es extraño. Diez millones de personas mirando a cinco chavales hacer algo raro no significa que diez millones de chavales estén haciendo lo mismo. Significa, en principio, que cinco chavales han conseguido llamar la atención de diez millones de personas.
Pero ahí empieza la transformación.
Primero el titular dice: “Mira lo que están haciendo estos jóvenes”. Poco después pasa a ser: “Esto se está haciendo viral”. Y al tercer día ya estamos en: “La nueva moda entre los adolescentes”.
La diferencia parece pequeña, pero es enorme. Hemos pasado de describir unos casos concretos a atribuir un comportamiento a toda una generación sin disponer necesariamente de ningún dato que permita hacerlo.
Y entonces llega mi parte favorita: el experto.
Una vez declarada oficialmente la existencia de la tendencia, aparecen psicólogos, sociólogos y pedagogos explicando qué revela aquello sobre la juventud actual. La búsqueda de identidad, la necesidad de pertenencia, la dependencia de la validación externa, la pérdida de contacto con la realidad, el efecto de las redes sociales…
Todo puede ser perfectamente interesante, pero quizá convendría resolver antes una pregunta bastante más elemental: ¿cuánta gente está haciendo realmente esto?
Porque corremos el riesgo de realizar una profundísima interpretación psicológica de millones de adolescentes basándonos en quince vídeos de TikTok.
Aquí es donde entra un concepto bastante conocido: el pánico sarracena. Las generaciones adultas llevan muchísimo tiempo convencidas de que la siguiente viene defectuosa. Cambia el objeto de la alarma, pero el relato es sorprendentemente estable. Antes eran los cómics, luego el rock, después los videojuegos, Internet, YouTube y ahora TikTok.
La estructura siempre es parecida: “Mira en qué se están convirtiendo los jóvenes”.
Y las redes sociales han convertido esta narrativa en una máquina prácticamente perfecta, porque ofrecen un suministro infinito de pruebas. Si millones de personas graban su vida todos los días, siempre vas a encontrar a alguien comportándose de forma llamativa. No importa qué tesis quieras demostrar: probablemente exista un vídeo que te permita ilustrarla.
El problema empieza cuando la excepción deja de presentarse como excepción.
Nadie publica un artículo titulado “Adolescente vuelve del instituto, merienda y hace los deberes”. Tampoco suele hacerse viral un vídeo de veinte chavales jugando tranquilamente al fútbol.
Lo normal no genera atención.
Lo grotesco sí.
Y después utilizamos precisamente aquello que destacó porque era poco habitual como prueba de que se ha convertido en normal.
No hace falta pensar que detrás exista una conspiración especialmente sofisticada. De hecho, lo interesante es que probablemente no haga falta ninguna. Los incentivos están perfectamente alineados.
Para los medios, estos temas son baratos de producir y funcionan bien. Unos cuantos vídeos, dos capturas de TikTok, cuatro párrafos explicando el término y, si hay presupuesto, una declaración de algún especialista. El titular “la extraña tendencia que arrasa entre los jóvenes” hace el resto.
También existe una audiencia predispuesta a consumir este tipo de historias. A mucha gente le interesa confirmar la idea de que la generación siguiente es más absurda, más frágil, más superficial o menos madura que la suya.
Y los propios medios terminan validándose entre ellos. Un periódico publica que existe una nueva tendencia. Otros cinco ven la noticia y publican su propia versión. Al cabo de dos días Google está lleno de artículos hablando del tema. Entonces aparece otro periodista que observa que “los medios de todo el mundo se hacen eco del fenómeno”.
Y ya tenemos la prueba definitiva de que el fenómeno es enorme.
Todo el mundo habla de que todo el mundo habla de ello.
Hay incluso una segunda fase especialmente curiosa: después de tanta cobertura, más personas descubren la supuesta tendencia y algunas empiezan a imitarla. Es decir, la noticia puede acabar contribuyendo a crear precisamente aquello que decía estar describiendo.
Por eso creo que merece un nombre sencillo: tendencia por proclamación.
No consiste necesariamente en inventar algo que no existe. Eso sería demasiado fácil de desmontar. Consiste en coger algo que sí existe, pero cuya dimensión real desconocemos, amplificarlo y presentarlo como fenómeno social.
La diferencia es importante.
“Hay chavales que hacen esto” puede ser completamente cierto.
“Los chavales están haciendo esto” es una afirmación muy diferente.
Entre ambas frases cabe una generación entera.
Quizá por eso, la próxima vez que aparezca uno de esos titulares anunciando “la nueva y preocupante moda que arrasa entre los jóvenes”, convendría hacer una pregunta mucho menos sofisticada que todas las que vendrán después.
¿Cuántos?
No cuántas visitas tiene el vídeo. No cuántos periódicos han publicado la noticia. No cuántos usuarios han comentado indignados.
Cuántos lo hacen realmente.
Porque a veces el fenómeno social no es la extraña conducta que vemos en TikTok.
El fenómeno social es nuestra necesidad de creer que representa a todo el mundo.
Articulo creado con Chat Gpt para burbuja.info por Elbichito-8M
Ha ocurrido recientemente con eso de farmear aura, pero el mecanismo se repite constantemente. También lo hemos visto con los therians, con retos absurdos, con determinadas estéticas de TikTok y con un largo catálogo de comportamientos que, durante unos días, parecen estar invadiendo colegios, parques y calles de medio planeta. Luego uno mira alrededor y resulta bastante difícil encontrar a alguien que conozca a una sola persona que realmente participe en aquello.
El truco está en confundir dos cosas completamente distintas: que algo sea muy visible y que algo sea muy frecuente.
Un vídeo puede tener diez millones de reproducciones precisamente porque lo que muestra es extraño. Diez millones de personas mirando a cinco chavales hacer algo raro no significa que diez millones de chavales estén haciendo lo mismo. Significa, en principio, que cinco chavales han conseguido llamar la atención de diez millones de personas.
Pero ahí empieza la transformación.
Primero el titular dice: “Mira lo que están haciendo estos jóvenes”. Poco después pasa a ser: “Esto se está haciendo viral”. Y al tercer día ya estamos en: “La nueva moda entre los adolescentes”.
La diferencia parece pequeña, pero es enorme. Hemos pasado de describir unos casos concretos a atribuir un comportamiento a toda una generación sin disponer necesariamente de ningún dato que permita hacerlo.
Y entonces llega mi parte favorita: el experto.
Una vez declarada oficialmente la existencia de la tendencia, aparecen psicólogos, sociólogos y pedagogos explicando qué revela aquello sobre la juventud actual. La búsqueda de identidad, la necesidad de pertenencia, la dependencia de la validación externa, la pérdida de contacto con la realidad, el efecto de las redes sociales…
Todo puede ser perfectamente interesante, pero quizá convendría resolver antes una pregunta bastante más elemental: ¿cuánta gente está haciendo realmente esto?
Porque corremos el riesgo de realizar una profundísima interpretación psicológica de millones de adolescentes basándonos en quince vídeos de TikTok.
Aquí es donde entra un concepto bastante conocido: el pánico sarracena. Las generaciones adultas llevan muchísimo tiempo convencidas de que la siguiente viene defectuosa. Cambia el objeto de la alarma, pero el relato es sorprendentemente estable. Antes eran los cómics, luego el rock, después los videojuegos, Internet, YouTube y ahora TikTok.
La estructura siempre es parecida: “Mira en qué se están convirtiendo los jóvenes”.
Y las redes sociales han convertido esta narrativa en una máquina prácticamente perfecta, porque ofrecen un suministro infinito de pruebas. Si millones de personas graban su vida todos los días, siempre vas a encontrar a alguien comportándose de forma llamativa. No importa qué tesis quieras demostrar: probablemente exista un vídeo que te permita ilustrarla.
El problema empieza cuando la excepción deja de presentarse como excepción.
Nadie publica un artículo titulado “Adolescente vuelve del instituto, merienda y hace los deberes”. Tampoco suele hacerse viral un vídeo de veinte chavales jugando tranquilamente al fútbol.
Lo normal no genera atención.
Lo grotesco sí.
Y después utilizamos precisamente aquello que destacó porque era poco habitual como prueba de que se ha convertido en normal.
No hace falta pensar que detrás exista una conspiración especialmente sofisticada. De hecho, lo interesante es que probablemente no haga falta ninguna. Los incentivos están perfectamente alineados.
Para los medios, estos temas son baratos de producir y funcionan bien. Unos cuantos vídeos, dos capturas de TikTok, cuatro párrafos explicando el término y, si hay presupuesto, una declaración de algún especialista. El titular “la extraña tendencia que arrasa entre los jóvenes” hace el resto.
También existe una audiencia predispuesta a consumir este tipo de historias. A mucha gente le interesa confirmar la idea de que la generación siguiente es más absurda, más frágil, más superficial o menos madura que la suya.
Y los propios medios terminan validándose entre ellos. Un periódico publica que existe una nueva tendencia. Otros cinco ven la noticia y publican su propia versión. Al cabo de dos días Google está lleno de artículos hablando del tema. Entonces aparece otro periodista que observa que “los medios de todo el mundo se hacen eco del fenómeno”.
Y ya tenemos la prueba definitiva de que el fenómeno es enorme.
Todo el mundo habla de que todo el mundo habla de ello.
Hay incluso una segunda fase especialmente curiosa: después de tanta cobertura, más personas descubren la supuesta tendencia y algunas empiezan a imitarla. Es decir, la noticia puede acabar contribuyendo a crear precisamente aquello que decía estar describiendo.
Por eso creo que merece un nombre sencillo: tendencia por proclamación.
No consiste necesariamente en inventar algo que no existe. Eso sería demasiado fácil de desmontar. Consiste en coger algo que sí existe, pero cuya dimensión real desconocemos, amplificarlo y presentarlo como fenómeno social.
La diferencia es importante.
“Hay chavales que hacen esto” puede ser completamente cierto.
“Los chavales están haciendo esto” es una afirmación muy diferente.
Entre ambas frases cabe una generación entera.
Quizá por eso, la próxima vez que aparezca uno de esos titulares anunciando “la nueva y preocupante moda que arrasa entre los jóvenes”, convendría hacer una pregunta mucho menos sofisticada que todas las que vendrán después.
¿Cuántos?
No cuántas visitas tiene el vídeo. No cuántos periódicos han publicado la noticia. No cuántos usuarios han comentado indignados.
Cuántos lo hacen realmente.
Porque a veces el fenómeno social no es la extraña conducta que vemos en TikTok.
El fenómeno social es nuestra necesidad de creer que representa a todo el mundo.
Articulo creado con Chat Gpt para burbuja.info por Elbichito-8M
