4.097 suicidios en 2022: el récord que España no mira
España ya sabe cuántos se matan al año. Y prefiere no mirarlo. El dato que cierra 2022 habla de
4.097 suicidios, récord de la serie, y la cifra que se maneja en los despachos ronda los
4.100 casos anuales reconocidos por el Gobierno. Hay quien sostiene que el número real es bastante mayor. El nombre de
Ángel Martín aparece en el hilo, recordado por su adicción a las drogas desvelada en
La Vanguardia y por su enfrentamiento público con los medios que, según un forero, trataron como delincuentes a quienes no se vacunaban.
El análisis que habla de manipulación en el recuento
El presentador, conocido por su etapa en televisión y por su faceta de monologuista, arrastra simpatías en el hilo, donde se le reivindica por su enfrentamiento con los medios que trataron como delincuentes a quienes no se vacunaban. Donde la conversación se vuelve técnica es en los números.
Un
análisis difundido por Alvise Pérez sostiene que los conceptos de suicidio accidental crecieron un
17,2% y los de tráfico un
11,9%, mientras el suicidio global subía solo un
2,3%. Su conclusión es que se trata de «una aberración estadística que indica algún tipo de manipulación humana» en la metodología del INE. Es una acusación sin confirmación oficial y, a la fecha de esta discusión, sin prueba pública que la respalde.
¿Por qué los medios no hablan del suicidio?
Hay quien defiende que pesa la creencia, muy extendida en las redacciones, de que contarlo más dispara el efecto llamada. Ese es el argumento que se repite: se silencia el suicidio para no multiplicarlo mientras se da cobertura continua a otras violencias con criterios que no siempre siguen la frecuencia del fenómeno. De ahí la comparación que circula con insistencia: alrededor de
40 muertes por violencia de género frente a más de
3.000 suicidios anuales, con más de
500 millones de euros de presupuesto público en un caso y cero en el otro. Son cifras que se usan como denuncia y que no salen del mismo informe oficial.
El precedente que se cita es
Verónica Forqué. Tras su muerte, titulares y columnas anunciaron el fin del tabú y prometieron hablar del tema en público. Poco después, el asunto volvió a caer de las portadas. Ese ciclo —anuncio, duelo, olvido— se lee como prueba de que la agenda no se mueve por los muertos, sino por lo que rentabiliza.
Trabajo, vivienda y vida afectiva: el diagnóstico material
El bloque económico domina buena parte de las explicaciones. Se argumenta que un
50% de los trabajadores son mileuristas, que muchos no llegan a mil euros al mes, que la tasa de exclusión social española es la más alta de la UE y que un
26% de la población es pobre o muy pobre, con la vivienda comiéndose la mayor parte del sueldo. Para el diagnóstico más repetido, esas tres patas —empleo, casa y vida afectiva— sostienen el ánimo de cualquiera, y en España las tres flaquean a la vez.
La comparación con otras épocas no se sostiene sola. Se afirma que en
1930 se registraban más suicidios que ahora y que fue durante el
franquismo cuando la tasa cayó casi a la mitad, según el estudio académico que se cita desde
Dialnet. El dato se lanza contra la tesis de la juventud de cristal, aunque no procede de la estadística reciente y se maneja sin verificación independiente.
La tesis contraria: sin proyecto de vida no hay nómina que salve
Frente al relato economicista aparece otro más incómodo: los problemas mentales son previos y lo que hace la sociedad deshumanizada es impedir que se canalicen. «Yo no creo que la clave del suicidio sean el trabajo, la mujer y la casa necesariamente, sino la imposibilidad de desarrollar un proyecto de vida satisfactorio a nivel general», resume una de las intervenciones más citadas. El aislamiento, y no la estrechez, sería el mejor predictor. En medio del pesimismo, alguien recomienda dos lecturas de la vieja escuela: el
Manual de vida de Epicteto y las
Epístolas a Lucilio de Séneca.
Las dos corrientes chocan de frente. Una pone el foco en la precariedad, el
desempleo y el precio de la vivienda; la otra responde que la falta de perspectivas no se arregla con una nómina, porque la presión por cumplir un guion vital —casa, pareja, hijos— añade sufrimiento en lugar de quitarlo.
Lo que apunta el cierre
En el hilo se repite que el presupuesto específico de prevención sigue en cero mientras la cifra anual se consolida por encima de los 4.000 casos, aunque ese cero es un cálculo de foro y no una cifra oficial. Queda abierta la duda de si el récord de 2022 volverá a superarse, con la reserva de que la serie histórica depende de cómo se codifiquen las muertes.