3,8 millones de viviendas vacías y el precio sigue subiendo
El INE aflora 400.000 inmuebles nuevos sin habitar en su censo y la cifra oficial de viviendas vacías en España se dispara hasta los 3,8 millones. La paradoja es de manual: sobra ladrillo, falta gente en los centros urbanos y, sin embargo, el alquiler y la compra no ceden. En Madrid se contabilizan más de 97.100 casas vacías, el 6,3% del parque total, y en Barcelona 75.476, casi el 10%, según los datos que maneja el organismo. Hay quien sostiene que construir más no ha servido de nada mientras la oferta se acapara o se queda cerrada a cal y canto.
Qué dicen los datos del INE sobre las viviendas vacías
El censo de población y vivienda publicado por el INE eleva el stock de inmuebles sin habitar a 3,8 millones a 1 de enero de 2021, frente a los 3,4 millones del trabajo anterior de 2011. La comparación no es homogénea: el organismo ha aplicado un nuevo criterio de consumo eléctrico que permite detectar casas que antes pasaban desapercibidas. Aun así, el salto de 400.000 inmuebles aflorados de golpe invita a pensar que el parque vacío siempre fue mayor de lo que decían las estadísticas. En Barcelona, además de los 75.476 inmuebles inhabitados, hay otros 16.000 con un consumo eléctrico inferior al de un frigorífico. En Madrid, a las 97.100 casas vacías se suman más de 27.000 con ese mismo umbral ridículo de electricidad.
El mapa no engaña: el grueso de las viviendas vacías que crecen se concentra en municipios pequeños y en zonas donde nadie quiere vivir, no en el centro de las capitales. Ese matiz desmonta el titular fácil de que el problema del alquiler en Madrid se arregla con pisos vacíos. Los pisos cerrados están donde no hay demanda, y los que se necesitan están donde no se construyen.
Por qué no bajan los precios si sobran pisos
La teoría económica clásica dice que un exceso de oferta hunde los precios. En vivienda, no. Hay quien sostiene que el mercado inmobiliario se escapa a los esquemas simples de oferta y demanda, y los números le dan la razón: en ciudades dormitorio del entorno de Barcelona como Santa Coloma, Badalona o Hospitalet la población ha caído entre un 5% y un 10% respecto al pico de los años ochenta, el parque de vivienda es mayor que entonces y, aun así, sigue siendo imposible vivir sin una hipoteca perpetua. La gente se ha desplazado a zonas más alejadas pero bien comunicadas, como Terrassa o Sabadell, y en cuanto esas áreas se llenen reproducirán el mismo problema.
El argumento del acaparamiento gana peso. Quien logra un contrato de alquiler en Barcelona, según un análisis que circula, puede realquilarlo por habitaciones a precios superiores, lo que expulsa a los inquilinos de renta media y tensiona aún más el mercado. La nueva oferta de vivienda decente la absorbe la inversión; la vivienda indecente, la necesidad. Construir más, en ese contexto, es echar agua al mar.
El IBI como palanca: multiplicarlo por diez para liberar pisos
La propuesta más repetida pasa por el Impuesto sobre Bienes Inmuebles. Un IBI descomunal para los pisos vacíos obligaría a sus dueños a venderlos o alquilarlos, liberaría espacios infrautilizados y permitiría a los ayuntamientos vivir de lo suyo en vez de depender de las transferencias del Estado. La Ley de Vivienda ya recoge un recargo del 150% para inmuebles en zona tensionada que lleven más de dos años sin venderse ni alquilarse. La lógica oficial es que la escasez se cura gravando. La lógica del propietario es otra: si el piso no renta, se cierra y se espera.
Los defensores del palo fiscal sostienen que un IBI alto reduciría deuda municipal y financiaría servicios públicos. Los críticos responden que el propietario trasladará el coste al inquilino o simplemente no alquilará. En medio queda un dato tozudo: los IBIS actuales son tan bajos que no generan ningún incentivo para mover el stock.
Segundo piso, tercero y cuarto: el negocio del alquiler turístico
El debate se encona cuando se habla de acumulación. Un segundo piso vacío no molesta a nadie, pero cuando ese propietario tiene el tercero, el cuarto y el quinto para alquilar a turistas, la cosa cambia. Ciudades como Madrid o Barcelona han visto cómo parte de su parque residencial se reconvierte en alojamiento de borrachera y parque de atracciones. En Londres, más de la mitad de las viviendas nuevas están vacías y en manos de extranjeros, lo que algunos interpretan como seguridad jurídica y otros como un pelotazo especulativo.
La defensa del propietario es simple: si puedes tener 100.000 euros en el banco perdiendo valor por la inflación, por qué no puedes tenerlos en un piso. La respuesta del inquilino es más simple todavía: porque ese piso vacío es una vivienda que alguien necesita. Y en medio, un Estado que rescató el ladrillo con dinero público y ahora pide a los contribuyentes que devuelvan lo rescatado.
El invierno demográfico y la inmigración como coartada
Hay quien apunta al invierno demográfico como prueba de que sobra vivienda. Y hay quien señala que el 50% de la gente en edad de comprar es de origen extracomunitario, lo que habría hinchado la demanda. Ambas tesis conviven sin resolverse. Lo cierto es que la población en los centros urbanos cae, el stock vacío sube y los precios no se mueven. La conclusión que se impone es que el problema no es de cantidad de ladrillo, sino de quién lo controla y para qué.
¿Cuánto tiempo puede sostenerse un mercado que premia tener pisos cerrados y castiga alquilarlos?