El problema está en:
- Demanda artificialmente aumentada vía ingreso de millones de personas del tercer mundo. Antoñito eso no te lo va a decir. Para él es bueno que vengan millones. Ojo, que no va mal encaminado (el que crea que el tenedor de vivienda, en España, es un santo no ha aprendido nada de lo de 2008). Se abren fronteras para evitar lo que una debacle demográfica ocasionaría, entre otras cosas la falta manifiesta de demandantes, que haría bajar precios a plomo. Se intenta salvar a los tenedores, grandes y pequeños, a costa de explotar a una o dos generaciones de españoles por el camino que no podrán acceder a vivienda en propiedad.
- Escasez de vivienda o efecto embudo. Dejas entrar a millones pero a la vez pones mil y una trabas para construir, desde la administración. Precios de suelo absurdos, disponibilidad nula, obra pública ni está ni se la espera.
Mercado completamente reventado o dopado según se prefiera, por el lado de los participantes, oferentes y demandantes pero reventado también por el lado de la magnitud o extensión, todo completamente intervenido y lejos de un mínimo de flexibilidad.