El fin del petróleo: la profecía que se repite desde los 80
Hace unos meses sobraba crudo. El barril rondaba los 50 dólares y el problema del mercado no era la escasez, sino un exceso de oferta que nadie sabía cómo colocar. Ese exceso se ha desvanecido con el cierre de Ormuz y, con él, ha regresado el relato de siempre: el fin del petróleo y, de paso, el fin del capitalismo. El científico Antonio Turiel vuelve a poner fecha al desastre. Lo ha hecho antes. Bastantes veces.
El peak oil que nunca acaba de llegar
La tesis del agotamiento acumula ya varias décadas de recorrido. El pico de producción de crudo convencional se situó, según sus defensores, en 2005-2006; el de todos los líquidos, hacia 2018. Se anunciaron caídas de entre el 20 % y el 50 % para 2025 si las petroleras no invertían a lo loco en nuevos pozos. La inversión no llegó al ritmo exigido y el colapso tampoco. Hoy hay quien sostiene que existe más petróleo disponible que en cualquier otro momento de la historia, y los registros de oferta de los últimos trimestres no lo desmienten.
El reproche más repetido no es técnico, sino estadístico: llevar tres décadas anunciando la misma fecha y no acertarla ni una vez convierte la advertencia en una costumbre. Enfrente, la respuesta es que un pico de producción no significa quedarse sin una gota, sino entrar en una meseta desde la que ya no se crece. Y de ahí a la recesión, el paso es corto.
¿Escasez real o mercado manipulado?
Ahí está la otra mitad del asunto. Cerrar Ormuz no vacía las reservas del planeta: estrangula una ruta. Cuando la oferta se aprieta, el precio sube sin que haga falta que el crudo se agote. La sospecha, planteada como interés y no como prueba, es que a los grandes productores —Estados Unidos, Rusia y los países del Golfo— les conviene jugar con el grifo. Menos oferta, más precio, y una deuda global que agradece cualquier repunte nominal.
Del barril al capitalismo: un salto que no todos aceptan
Mezclar el final del petróleo con el final del capitalismo es, para buena parte del análisis económico, un error de categoría. El capitalismo nació mucho antes de que a nadie se le ocurriera quemar hidrocarburos; empezó, si se quiere, intercambiando conchas y ha sobrevivido a todas las fuentes de energía que ha ido dejando atrás. La objeción seria es otra: al sistema no le hace falta que se acabe el crudo, le basta con que se acabe el crecimiento. Un planeta finito no sostiene una expansión infinita, y ahí no hay relevo ideológico a la vista.
Y sin embargo, la cantinela vuelve cada temporada. 80s: el petróleo se acaba. 90s: el petróleo se acaba. 2000s, 2010s, 2020s: el petróleo se acaba. La frase lleva tanto tiempo repitiéndose que ya funciona como las campanadas de fin de año: todos la oyen y casi nadie cree de verdad que el mundo vaya a terminar esa noche.