Directivos venden acciones y el Nasdaq cae un mes después
La coincidencia es demasiado llamativa. En apenas unas semanas de noviembre, varios de los nombres más poderosos del capitalismo estadounidense han vendido participaciones multimillonarias en sus propias empresas.
Bill Gates y Steve Ballmer explicaron su venta masiva en Microsoft,
Elon Musk se desprendió de 1.100 millones de dólares en acciones de Tesla para pagar impuestos y
Jeff Bezos liquidó 2.000 millones en Amazon para financiar causas medioambientales, a los que sumó otros 1.300 millones pocos días después.
Aquí huele a muerto, resumió el foro. Y el tiempo, de momento, les ha dado la razón.
Qué ha pasado con las ventas de los grandes directivos
El goteo de desinversiones no es un fenómeno aislado. A las operaciones de Gates, Ballmer, Musk y Bezos se sumó la venta de acciones de Square por parte de
Jack Dorsey, que ya había dejado Twitter. Y por encima de todos ellos planea la figura de
Warren Buffett, que acumuló liquidez sin precedentes en Berkshire Hathaway, según las informaciones que se compartieron en el momento. La pregunta que flotaba era sencilla: ¿por qué los que mejor información tienen se están quitando el papel de las manos?
Las explicaciones oficiales fueron variadas. Musk alegó que era
la única forma que tenía de pagar impuestos. Bezos lo vinculó al medio ambiente. Gates y Ballmer remitieron a sus planes de diversificación. Ninguna de esas razones convenció a quien miraba los gráficos. Cuando cuatro de los hombres más ricos del planeta venden en el mismo mes, la coincidencia invita a pensar en algo más que en la agenda fiscal.
El Nasdaq entra en corrección y el foro se reafirma
El desenlace llegó antes de lo que muchos esperaban.
Un mes y medio después del arranque del hilo, las tecnológicas estadounidenses entraron en caída libre. El Nasdaq se dio un golpe severo y el relato de los que avisaron se consolidó:
tonto el último. No hubo que esperar a 2022, como algunos pronosticaban. La corrección se materializó en el mismo ejercicio.
La discusión derivó entonces hacia la naturaleza de las ventas. ¿Eran los directivos más listos que el mercado o simplemente estaban diversificando? Hay quien sostiene que vender acciones no es señal de nada, porque los grandes patrimonios siempre rotan posiciones. En contra pesa el argumento de que el volumen y la sincronía no son casuales. Y una tercera vía, quizá la más incómoda: los que vendieron no estaban anticipando un crash, sino moviendo el dinero a otro sitio.
Materias primas, tierras, activos reales. El propio Gates, según se recordó, se convirtió en el mayor terrateniente de Estados Unidos en apenas dos años.
La liquidez no es refugio cuando la inflación devora el efectivo
Uno de los puntos más repetidos fue la trampa de la liquidez. Estar en efectivo en un entorno de inflación alta no protege:
te come buena parte, como se apuntó. Buffett acumuló caja, sí, pero la caja pierde poder de compra cada mes que pasa. La pregunta relevante no es cuánta liquidez tienes, sino en qué la vas a convertir antes de que el mercado te adelante.
Ese razonamiento llevó a varios análisis a mirar más allá de la bolsa. Si los grandes están saliendo de las tecnológicas, ¿dónde están entrando? La respuesta que se repite es la misma: activos tangibles. Tierras, metales, inmuebles. El cálculo completo de cuánto ha rotado cada uno de estos patrimonios, desglosado operación a operación, da una imagen que sorprende. No es solo que vendan: es que compran otra cosa.
El debate sobre el futuro de las grandes tecnológicas
La corrección del Nasdaq reabrió una discusión de fondo. ¿Están baratas las tecnológicas estadounidenses o siguen caras? Una corriente defiende que el metaverso, el cloud y los servicios digitales van a generar tanto efectivo que los precios actuales son razonables. Otra recuerda que gigantes como Yahoo o Terra también parecían invencibles y acabaron en la cuneta. La comparación con Nokia es recurrente: hace veinte años, casi todo el mundo occidental usaba un Nokia a diario. Hoy no queda nada de aquello.
La contraargumentación es sólida: ninguna de esas empresas tenía el 99% del mundo occidental usándola a diario. Google, Microsoft, Meta y Amazon sí. Eso no garantiza que sus cotizaciones no caigan, pero sí que su capacidad de generar caja es difícil de replicar. El problema, como siempre, es el precio de entrada. Comprar barato lo que todos usan es fácil de decir y difícil de hacer.
Qué dicen los que avisaron y qué dicen los que no
El hilo dejó un reguero de posturas encontradas. Los que vieron la señal en las ventas de los directivos se reafirmaron con la caída del Nasdaq. Los que sostenían que era ruido y que la bolsa seguiría subiendo tuvieron que recular. Y en medio, una corriente más escéptica: la de los que creen que el crash siempre está a la vuelta de la esquina y que quien se pone en corto esperando el gran batacazo puede palmar pasta antes de que llegue.
El detalle que nadie termina de cuadrar es el de los insiders en general. En la corrección actual, según los datos que se compartieron, los directivos no estaban vendiendo de forma masiva. Eso descoloca: si los grandes vendieron antes y ahora no venden, ¿qué están haciendo? ¿Esperar? ¿Comprar? La respuesta no está en los gráficos.
Conclusión: predicción con reservas
La coincidencia de ventas de noviembre fue una señal. El Nasdaq entró en corrección y los que avisaron tienen ahora el viento a favor. Pero el mercado no ha terminado de decidir si esto es un retroceso o el principio de algo más profundo. Los que compraron tierras y activos reales parecen haber apostado por lo segundo. Los que se quedaron en liquidez, también. La inflación, mientras tanto, sigue comiendo. Y el que quiera ver, que vea.