La Vanguardia aparta a un articulista por un texto que carga contra la deriva del Gobierno
El 5 de mayo de José Ignacio Lacasta, La Vanguardia comunicó al jurista y articulista José Ignacio Lacasta la suspensión de lo que el medio denominó eufemísticamente "nuestra relación". El motivo, según ha trascendido en medios digitales: la publicación en el diario de un artículo titulado 'La revancha' en el que se acusaba al PSOE de Pedro Sánchez de buscar un conflicto civil que pusiera fin por la vía rápida a la democracia del 78. El desenlace ha caído como una losa sobre la libertad de expresión en un medio que presume de tribuna abierta.
Qué decía el artículo que ha costado el puesto
El texto de Lacasta, del que se han difundido fragmentos, describía una España partida en dos bandos separados por "un maldito muro erigido en mala hora". Sostenía que la estrategia del presidente del Gobierno pasa por la fractura social deliberada, el bloqueo institucional y la polarización radical, con el objetivo de desembocar en un enfrentamiento civil híbrido. Un diagnóstico duro, pero no especialmente novedoso en un país donde la bronca política marca la agenda diaria.
La reacción del medio no se hizo esperar. Según reconoció el propio periodista, la dirección le comunicó "la suspensión de nuestra relación", una fórmula que en el argot del periodismo significa invitar a hacer las maletas. Ni un comunicado oficial, ni una rectificación: el silencio como única respuesta a quien se atrevió a escribir lo que muchos piensan.
La libertad de expresión, otra víctima colateral
El caso ha reabierto el debate sobre los límites de la libertad de expresión en los grandes grupos editoriales españoles. Que un medio despida a un columnista por un artículo de opinión, aunque sea incómodo para el poder, sienta un precedente peligroso. Sobre todo cuando el texto no contenía insultos ni incitación al odio, sino una crítica política –durísima, sí– a la deriva autoritaria que algunos atribuyen al actual inquilino de La Moncloa.
Hay quien defiende que el artículo traspasaba la línea de la crítica legítima al sugerir que el presidente busca deliberadamente un conflicto civil. Otros, sin embargo, sostienen que la reacción del medio demuestra que el artículo acertaba de pleno: si el poder no puede ser criticado en los medios, ¿dónde queda el periodismo? La pregunta no es retórica, pero por ahora no tiene respuesta.
El silencio del medio y el ruido en las redes
Mientras La Vanguardia guarda silencio, las redes han recogido el guante. Periodistas, juristas y ciudadanos anónimos han compartido el artículo, preguntándose por qué un hombre de letras y derecho –Lacasta es catedrático de Filosofía del Derecho– no puede decir en un diario lo que millones de españoles comentan en las sobremesas. La ironía no se le escapa a nadie: el medio que ampara la libertad de expresión como bandera, la fulmina cuando el mensaje molesta.
El episodio deja más preguntas que respuestas. ¿Fue una decisión editorial tomada desde la dirección del periódico? ¿Hubo presiones externas? ¿Se trata de un caso aislado o de una tendencia en los medios que se dice plurales? Las respuestas, de momento, no llegan. Lo que ha quedado claro es que en España escribir puede costar un puesto de trabajo cuando el poder sonríe.