La historia de su hermano -no daremos su nombre por miedo a represalias- es la historia de decenas de familias en Perú que han perdido el contacto con seres queridos que decidieron viajar a Rusia, sin saber lo que realmente estaban haciendo.
Punto por punto, lo que Pachas nos cuenta encaja con el esquema que hemos reconstruido, con la ayuda de los abogados que representan a varias familias, a partir de decenas de testimonios. Según la investigación, la organización desarrolló un sistema escalonado de captación, control y traslado en el que cada integrante cumplía una función específica dentro de una cadena cuyo objetivo era llevar a ciudadanos peruanos desde Lima hasta el frente de guerra en Ucrania.
Según datos oficiales de la Cancillería peruana, a 18 de agosto, 459 peruanos se han alistado a las tropas rusas,
Lo que parecía una desaparición aislada terminó revelando una estructura mucho más amplia que, según los cálculos, habría afectado ya a unas 350 familias y podría haber llevado a Rusia a cerca de 1.200 peruanos desde 2024. La reconstrucción de la red, explica el abogado que comenzó esta investigación, el doctor Salinas, se elaboró a partir de cientos de testimonios, mensajes y documentos aportados por las propias familias. «Era como armar un rompecabezas con piezas dispersas», resume en una entrevista con ABC.
El proceso comenzaba en Perú. Los investigadores identifican a varios reclutadores conocidos por los alias de 'Poco Pinto', 'Visio', 'Freddy' y 'Pantro', encargados de localizar personas con dificultades económicas a través de contactos personales y redes sociales. ABC intentó contactar con 'Freddy', sin obtener respuesta.
El gancho era siempre el mismo: contratos supuestamente vinculados a trabajos de seguridad o vigilancia, bonos de incorporación de hasta 20.000 dólares y salarios mensuales de entre 2.000 y 3.000 dólares (entre 1.730 y 2.600 euros). A los candidatos también se les prometía alojamiento gratuito, manutención y la posibilidad de regularizar su situación laboral en Rusia. El abogado sostiene que el perfil de los reclutados se repite una y otra vez: hombres golpeados por la crisis económica, muchos de ellos antiguos militares o vigilantes de seguridad para quienes la promesa de un salario varias veces superior al peruano resultaba difícil de rechazar.
Ese fue precisamente el argumento que convenció al marido de Inés. Durante años había trabajado en Irak y fueron antiguos compañeros de aquellas misiones quienes empezaron a hablarle de Rusia. «Le decían que era igual que Irak», recuerda. En aquel momento la familia atravesaba una situación económica complicada después de un grave accidente que había generado numerosas deudas. Él quería terminar la casa familiar y veía la oferta como una oportunidad irrepetible.
La red reforzaba la credibilidad del proyecto mostrando fotografías, vídeos y testimonios de otros peruanos que aparentemente ya trabajaban en el extranjero. Los reclutadores mantenían además un contacto permanente mediante llamadas y grupos de WhatsApp, generando confianza y sensación de exclusividad. Muchos de los candidatos creían que aceptaban un empleo convencional.
Jordano, un joven de apenas 21 años, recibió una propuesta prácticamente idéntica, cuenta su progenitora. A su descendiente le ofrecieron un puesto de vigilancia de instalaciones durante un año a cambio de un bono inicial de 25.000 dólares y un salario mensual que podía alcanzar los 4.000 dólares. Como en otros casos, el precedente de Irak sirvió para disipar las dudas. En Bagdad, los peruanos se dedicaban a trabajos de logística y de vigilancia para el despliegue norteamericano. Nunca hubo problemas, cuentan las familias, por eso cuando los reclutadores comparaban Irak con Rusia, no sonaron las alarmas. Todo parecía un contrato seguro y sin riesgo.
Pero la realidad comenzó a aflorar una vez cruzaron la frontera rusa.
Sigue en Así captó Rusia a decenas de peruanos para la guerra de Ucrania
Punto por punto, lo que Pachas nos cuenta encaja con el esquema que hemos reconstruido, con la ayuda de los abogados que representan a varias familias, a partir de decenas de testimonios. Según la investigación, la organización desarrolló un sistema escalonado de captación, control y traslado en el que cada integrante cumplía una función específica dentro de una cadena cuyo objetivo era llevar a ciudadanos peruanos desde Lima hasta el frente de guerra en Ucrania.
Según datos oficiales de la Cancillería peruana, a 18 de agosto, 459 peruanos se han alistado a las tropas rusas,
Lo que parecía una desaparición aislada terminó revelando una estructura mucho más amplia que, según los cálculos, habría afectado ya a unas 350 familias y podría haber llevado a Rusia a cerca de 1.200 peruanos desde 2024. La reconstrucción de la red, explica el abogado que comenzó esta investigación, el doctor Salinas, se elaboró a partir de cientos de testimonios, mensajes y documentos aportados por las propias familias. «Era como armar un rompecabezas con piezas dispersas», resume en una entrevista con ABC.
El proceso comenzaba en Perú. Los investigadores identifican a varios reclutadores conocidos por los alias de 'Poco Pinto', 'Visio', 'Freddy' y 'Pantro', encargados de localizar personas con dificultades económicas a través de contactos personales y redes sociales. ABC intentó contactar con 'Freddy', sin obtener respuesta.
El gancho era siempre el mismo: contratos supuestamente vinculados a trabajos de seguridad o vigilancia, bonos de incorporación de hasta 20.000 dólares y salarios mensuales de entre 2.000 y 3.000 dólares (entre 1.730 y 2.600 euros). A los candidatos también se les prometía alojamiento gratuito, manutención y la posibilidad de regularizar su situación laboral en Rusia. El abogado sostiene que el perfil de los reclutados se repite una y otra vez: hombres golpeados por la crisis económica, muchos de ellos antiguos militares o vigilantes de seguridad para quienes la promesa de un salario varias veces superior al peruano resultaba difícil de rechazar.
Ese fue precisamente el argumento que convenció al marido de Inés. Durante años había trabajado en Irak y fueron antiguos compañeros de aquellas misiones quienes empezaron a hablarle de Rusia. «Le decían que era igual que Irak», recuerda. En aquel momento la familia atravesaba una situación económica complicada después de un grave accidente que había generado numerosas deudas. Él quería terminar la casa familiar y veía la oferta como una oportunidad irrepetible.
La red reforzaba la credibilidad del proyecto mostrando fotografías, vídeos y testimonios de otros peruanos que aparentemente ya trabajaban en el extranjero. Los reclutadores mantenían además un contacto permanente mediante llamadas y grupos de WhatsApp, generando confianza y sensación de exclusividad. Muchos de los candidatos creían que aceptaban un empleo convencional.
Jordano, un joven de apenas 21 años, recibió una propuesta prácticamente idéntica, cuenta su progenitora. A su descendiente le ofrecieron un puesto de vigilancia de instalaciones durante un año a cambio de un bono inicial de 25.000 dólares y un salario mensual que podía alcanzar los 4.000 dólares. Como en otros casos, el precedente de Irak sirvió para disipar las dudas. En Bagdad, los peruanos se dedicaban a trabajos de logística y de vigilancia para el despliegue norteamericano. Nunca hubo problemas, cuentan las familias, por eso cuando los reclutadores comparaban Irak con Rusia, no sonaron las alarmas. Todo parecía un contrato seguro y sin riesgo.
Pero la realidad comenzó a aflorar una vez cruzaron la frontera rusa.
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