De 0,89€ a 3€ la docena de huevos: la imparable escalada de precios en 23 años
En 2002, una docena de huevos tamaño L costaba 0,89 euros. Hoy no baja de 3 euros. La leche pasó de 0,40 euros el litro a 1,15 euros. Mientras, el salario medio apenas se ha movido: 1.200 euros netos al mes en 2007 y la misma cifra en 2025. Los alquileres, en cambio, se han triplicado. El resultado es una generación condenada a perder poder adquisitivo.
El disparate de la cesta de la compra
Los precios de los alimentos básicos se han multiplicado por tres en dos décadas. Un pollo que costaba 3 euros en 2007 ahora cuesta 7. La copa de nata de Lidl, aquel capricho universitario de 0,12 euros, vale hoy 0,60. Y no es solo subida nominal: ajustado por inflación, el euro ha perdido valor, pero el margen extra que se embolsan los intermediarios es patente. Los fondos de inversión que controlan las grandes distribuidoras están exprimiendo la cadena de suministro.
Sueldos congelados, alquileres disparados
La comparativa es demoledora: en 2007, con un sueldo de 1.200 euros netos se pagaba un alquiler de 350 euros y sobraba para llenar la nevera. Hoy, el mismo sueldo apenas cubre un alquiler de 1.000 euros. El resto de gastos se come el presupuesto. La vivienda se ha convertido en el principal sumidero de renta, y la comida, que antes era un gasto menor, ahora exige una planificación casi militar.
¿Quién se queda con el margen?
Varios análisis apuntan a que el aumento no se traslada al productor. El trigo, las naranjas o la leche no se pagan mucho más que hace veinte años. El sobrecoste se queda en las cadenas de distribución y en los costes energéticos y fiscales. La presión impositiva sobre la luz, el gas y los carburantes encarece toda la cadena, mientras los salarios no se deflactan. El resultado es una pérdida de poder adquisitivo generalizada que solo se compensa con herencias, economía sumergida o resignación.
La fractura social: instalados contra invitados de piedra
El debate revela una división profunda: por un lado, los que tienen la nevera llena (jubilados con pensión blindada, funcionarios, rentistas) frente a los que reman cada mes para llegar. La precarización no es solo económica, sino vital. Los que tienen casa heredada o hipoteca antigua resisten; los jóvenes y los recién llegados se enfrentan a un mercado imposible. La pregunta que nadie responde es cuánto más puede aguantar la clase media antes de que las calles ardan.
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