Gisbert demanda a ACOM por un insulto racista en un tuit
Que un solo tuit acabe en los tribunales no debería ser noticia. Que ese tuit contenga un término que unos leen como un insulto racista y otros como una cita sin más, y que la querella priorice las amenazas sobre el insulto, es lo que convierte el asunto Gisbert contra ACOM en algo más que una anécdota.
La querella y su estrategia
Gisbert ha anunciado una querella contra ACOM. El origen: un tuit en el que se utilizaba un término despectivo que alude al color de piel y al nazismo. ACOM había acusado a Gisbert de incurrir en odio; él responde citando ese tuit en su denuncia. Pero la prioridad, según se desprende del debate, no es el insulto: la querella se centra primero en la publicación de la ubicación de su casa, que Gisbert considera una amenaza, y en la difamación. El resto quedaría en segundo plano.
El delito de odio, bajo sospecha
El debate de fondo es la aplicación de los delitos de odio en España. Se argumenta que no hay constancia de condenas por insultos directos contra la comunidad judía, mientras que sí ha habido condenas y cuasicondenas a libreros y editores por difundir libros que cuestionan cierta visión histórica. De ahí la sospecha de que la ley se aplica con criterios desiguales: dura con unos, laxa con otros. La querella de Gisbert contra ACOM podría servir para que los tribunales fijen hasta dónde llega la libertad de expresión y cuándo un término ofensivo se convierte en delito.
Si un juez acaba determinando que ese término es un ataque racial, el listón para futuras querellas cambiará. Si dictamina lo contrario, quienes denuncian una persecución selectiva tendrán argumentos nuevos. La respuesta, por ahora, está en los tribunales. ¿Y si ninguna de las dos partes quiere llegar a juicio?