Inmobiliarias de Madrid y la comisión al inquilino
En Madrid, el precio del alquiler lo sigue fijando el dueño del piso. Según se sostiene en el debate,
muchas inmobiliarias de la capital siguen repercutiendo su comisión al inquilino amparándose en el recurso de Ayuso, mientras la norma recién aprobada contemplaría, según ese mismo relato,
multas, sanciones y hasta penas de cárcel para quien se la salte.
¿Qué obliga la ley de vivienda y qué castiga?
Sobre si una agencia puede pasar sus honorarios al arrendatario, el criterio que se defiende en el hilo es tajante: no. La norma que acaba de entrar en vigor recogería sanciones para las inmobiliarias que se salten sus reglas, y hay quien reclama que la multa sea
de 10.000 euros por cada caso, con publicidad en todos los medios para que escueza.
El detalle incómodo es que la ley no se aplica sola: necesita que alguien la haga cumplir.
Inmobiliarias que siguen pasando la comisión al inquilino
En Madrid, según se sostiene en el debate, hay despachos que continúan cargando al inquilino el coste de sus servicios, el eslabón más débil de la cadena. Si la ley se aplica a medias, el honorario vuelve a recaer sobre quien menos margen tiene para negociarlo.
Hay quien especula además con un segundo movimiento: reconvertir ese cobro en un supuesto «trabajo de buscar vivienda a alguien». Cambiar el nombre a la factura no cambia quién la paga. Un inquilino que ya paga
1.000 euros al mes no necesita un servicio extra; necesita que no le graven el derecho a firmar.
Qué se paga de verdad cuando se alquila un piso
El diagnóstico más afilado de este asunto no sale de un informe, sale —según un participante— de la propia estructura del recibo. En un alquiler de primera necesidad —ocupación larga, no vacacional— lo que hace el inquilino es
usar la vivienda. Y lo que debería pagar es ese uso y la parte proporcional del desgaste y el mantenimiento.
Lo que se paga, en cambio, es todo lo demás: el precio de compra que en su día desembolsó el propietario, un margen de beneficio sobre ese precio, el uso, el desgaste y hasta los impuestos del dueño. Un desglose partida a partida, según este razonamiento, explicaría por qué el recibo se ha despegado tanto de lo que cuesta mantener un edificio en pie.
El apartamento de lujo de 6.000 euros al mes
La paradoja tiene domicilio conocido. Según una información publicada por
eldiario.es, la presidenta regional disfruta de un apartamento de lujo valorado en
6.000 euros al mes propiedad de un hotelero con intereses en Madrid. Que el discurso del esfuerzo y del mercado libre conviva con una renta de ese calibre no es un pecado, pero tampoco ayuda a vender la doctrina.
Porque el argumento tiene una base que se da por hecha en el hilo: en Madrid hay
mayoría de propietarios, y no todos son caseros abusivos, pero muchos votan pensando en el día en que ellos sean los que cobran. Esa es la mayoría que, según se sostiene, respalda la política de la Comunidad.
¿Por qué el alquiler sube el 100% y el sueldo no?
El dato que, según un participante, descuadra el relato de la oferta y la demanda: los alquileres se han
duplicado en ocho años mientras los salarios se quedaron donde estaban. Cuando el precio sube el 100% y la nómina no se mueve, hablar de inflación normal es una forma elegante de no hablar del problema.
Se responde que el mercado se autorregula: que nada saldrá del alquiler mientras sea rentable y que quien no pueda pagar no alquilará. La objeción se cae por su propio peso: si la única alternativa es la vivienda pública, alguien tendrá que construirla y hacerlo en buena zona. En el hilo se da por hecho que nadie lo está haciendo.
El día que deje de compensar alquilar
La tesis economicista es sencilla: nadie alquila si no gana, y para un
5% bruto —suponiendo que el inquilino pague— muchos propietarios preferirían vender. Hasta ahí, manual de primero. El matiz es que en zonas buenas un piso pequeño funciona como reserva de valor, y quien lo tiene pagado no lo malvende por menos de lo que cree que vale.
Los números que se citan sobre subidas de rentas —
300 euros de media en algunos bloques— no describen especulación, describen costumbre. Y la costumbre, en un mercado tensionado, se parece mucho a un impuesto silencioso.
Con la ley en vigor por un lado y, según se sostiene en el debate, un Gobierno regional que no la aplica por el otro, el escenario más probable no es el desplome del alquiler, sino un mercado más opaco: menos oferta formal, más acuerdos de palabra y más comisiones rebautizadas. Cuánto tarde eso en notarse en cada recibo está, a día de hoy, por ver.