Maduro blinda Caracas y la oposición no llena una plaza
El 10 de enero, Nicolás Maduro vuelve a jurar el cargo en Caracas. La ciudad amanece con
controles del DGCIM en todos los accesos, colas de hasta ocho kilómetros para entrar y revisión vehículo por vehículo. La oposición, liderada por María Corina Machado, había prometido una jornada histórica. El resultado, según relatos del foro: ni un solo incidente de violencia y una concentración que no llenó ni una plaza. El ridículo, dicen algunos, no es del régimen.
El despliegue militar que dejó a Caracas vacía
La operación de seguridad corrió a cargo de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), comandada por
Granko Arteaga, según las imágenes difundidas. El DGCIM recibió equipos antidrón y uniformes nuevos, y desplegó puestos de control en las principales vías de acceso. El resto de cuerpos —UOTE, BAE, CICPC, comandos SEBIN— se coordinó para neutralizar cualquier conato de protesta.
Según un cálculo que circula en el foro, el régimen graduó más de
20.000 efectivos de élite para la ocasión. La consigna era clara: ni un solo incidente. Y se cumplió. La tarde del 10 de enero, las calles de Caracas estaban desiertas. El miedo, la desinformación y las noticias falsas en redes sociales hicieron el resto.
Guerra avisada no mata soldado, pero aquí ni siquiera hubo guerra.
María Corina Machado: detención, show o estafa
La líder opositora apareció con «cara lavada» tras prometer que «hoy salían de Maduro para siempre». Minutos después, circuló el rumor de su detención. No era cierto: pasó por un control policial sin ser arrestada. La versión oficial del régimen habla de un
show para reactivar a una base que no respondió. La versión opositora, de una detención breve para intimidar.
Lo cierto es que el episodio no movilizó a nadie.
Ni cuatro jubiladas en una plaza, resumen con sorna desde el lado crítico. La oposición quedó retratada: sin capacidad de convocatoria, sin incidentes, sin relato. Algunos analistas apuntan a que todo fue un montaje para justificar una supuesta represión que nunca llegó.
Erik Prince y el ridículo de los mercenarios
El fundador de Blackwater, Erik Prince, amenazó al comandante del DGCIM con burlas sobre su estatura.
«Eres un pequeño criminal que no llega al 1,70», le espetó. La respuesta del régimen fue silencio y más seguridad. El plan de Prince y Machado —si existió— era débil. No hubo mercenarios, no hubo golpe, no hubo bandas armadas. Solo tuits.
La oposición había prometido una «hora histórica». La hora pasó y no ocurrió nada. El CICPC ofreció
100.000 dólares por información sobre un supuesto cabecilla, pero nadie movió un dedo. El aparato de seguridad de Maduro demostró ser altamente competente.
Huele a estafa, concluyen muchos.
El apoyo militar: miedo, no ideología
Según un relato del foro, los soldados activos cobran entre
150 y 400 dólares según rango y cuerpo. A eso suman un segundo empleo público (unos 150 dólares más), seguro médico, cajas de comida y créditos para vivienda. No es un gran salario, pero es estable. La obediencia, sin embargo, no es solo económica. Es miedo.
Todos saben que si hay disturbios, vuelven las sanciones y la situación empeora. En 2017-2019 ya lo vivieron. Por eso, cuando se anunció la juramentación, un
20% de la tropa se escondió. Al día siguiente se reportaron. No hay ideología que valga cuando el instinto de supervivencia manda.
La seguridad como logro del régimen
Los datos oficiales de criminalidad muestran una caída sostenida. En 2000 se registraron
8.022 muertes violentas; en 2013, con Maduro, 24.763; en 2021, 11.081. La tendencia se ha revertido. El régimen atribuye el descenso a la mano dura y a operaciones como la «Operación Liberación del Pueblo» o la creación del FAES. Los críticos lo llaman propaganda.
Lo cierto es que en 2024 la inflación fue la menor en 12 años y el índice de delincuencia, el más bajo en 30. El país sigue siendo pobre, pero las calles están tranquilas. Para una dictadura, la seguridad es un argumento. Y Maduro lo explota.
¿Por qué no hubo violencia el 10 de enero?
Porque el régimen disuadió. La combinación de controles, amenazas de sanciones y propaganda en redes sociales generó un pánico que paralizó a la oposición. No hubo un solo incidente. La pregunta ahora es si este silencio se mantendrá cuando Trump vuelva a la Casa Blanca.
El petróleo venezolano es el más barato para Estados Unidos, y a Trump le interesa la estabilidad. Maduro lo sabe. La oposición, también.
¿Estamos ante el fin de la disidencia o ante una simple tregua? La respuesta, como siempre, está en el petróleo.