Los BRICS suman trece socios y Turquía cambia de bando
Trece países han entrado como socios en los BRICS: Argelia, Bielorrusia, Bolivia, Cuba, Indonesia, Kazajistán, Malasia, Nigeria, Tailandia, Turquía, Uganda, Uzbekistán y Vietnam. El bloque que nació como acrónimo de cuatro economías emergentes se ha convertido en una lista heterogénea que suma, solo con Indonesia y Nigeria, más población que toda la Unión Europea. Y sobre la mesa, otra promesa: una moneda internacional con patrón oro.
El anuncio ha caído como una bomba en los mentideros económicos. La entrada de Turquía —miembro de la OTAN desde hace décadas— y de Tailandia, países alineados con Washington, ha sido la señal que muchos esperaban para dar por roto el tablero.
Indonesia, con 282 millones de habitantes, es el cuarto país más poblado del mundo, casi tanta población como Estados Unidos. Nigeria, con 230 millones y creciendo, es el motor demográfico de África.
Qué peso real tienen los nuevos socios de los BRICS
La suma de Indonesia y Nigeria supera ya a la UE entera en población. Vietnam aporta 100 millones de habitantes y una generación que ya sabe lo que es ganar una guerra a una potencia. Kazajistán, con apenas cuatro gatos, esconde unas riquezas naturales que muchos ignoran. Argelia nada en gas. La ecuación demográfica y de recursos es indiscutible.
Lo que ya no está tan claro es qué significa exactamente ser socio. El bloque no tiene carta fundacional, ni sede, ni reglas de admisión. Cada nuevo miembro entra con su propia agenda y sus propios intereses.
Un club sin estatutos, en la práctica.
El patrón oro y la moneda internacional: qué hay detrás
La promesa de una moneda con respaldo en oro ha sido el otro gran titular. La lógica que se esgrime es sencilla: si tienes oro, materias primas y energía, ¿para qué aceptar papelitos impresos sin respaldo? China ha aumentado sus compras de oro un 68% interanual en el primer trimestre de 2024, según los datos que maneja el sector, mientras recorta sus tenencias de deuda estadounidense. El oro cerró abril en 2.307 dólares la onza, tras subir un 4% en el mes.
Pero la letra pequeña es otra.
China es uno de los mayores tenedores de deuda estadounidense del planeta. Destruir el dólar sería destruir el sistema en el que ellos mismos son superpotencia. El cálculo más optimista asume que Pekín quiere un circuito de pagos alternativo, no un colapso. El escenario pesimista parte de que cualquier movimiento brusco se lleva por delante a todos.
Por qué Turquía es la incorporación más incómoda
Turquía no es un país cualquiera en esta lista. Es miembro de la OTAN, tiene una economía integrada en Occidente y controla el Bósforo. Su entrada en los BRICS ha sido leída como un giro estratégico de primer orden. Hay quien sostiene que Ankara simplemente juega a varias bandas para maximizar su posición negociadora. En contra pesa el argumento de que su economía lleva años buscando alternativas a Bruselas.
Tailandia, por su parte, ha sido un aliado histórico de Washington en el sudeste asiático. Su incorporación refuerza la tesis de que el bloque ya no es solo un club de países sancionados.
El dólar como papel higiénico y otras hipérboles
La conversación ha derivado rápidamente hacia el terreno de las profecías.
El dólar se va a usar de papel de baño, se ha llegado a escribir. Otros han recordado que el euro podría acabar sirviendo para calefacción, quemando los billetes impresos. La referencia a una época histórica que acabó mal ha planeado sobre varios mensajes.
El escepticismo también tiene su espacio. Occidente puede reducir la oferta de sus monedas si cae la demanda, sostienen algunos. La Reserva Federal y el Banco Central Europeo no son mancos. Otra cosa es que quieran hacerlo.
La cuestión energética: el punto que nadie discute
Sin energía barata, el negocio se cierra. Ese es el argumento que atraviesa buena parte del análisis. Los BRICS agrupan a productores de petróleo, gas y minerales críticos. Occidente, mientras tanto, sigue dependiendo de cadenas de suministro que pasan por Asia. La pregunta no es quién tiene razón, sino quién aguanta más.
El resquebrajamiento del orden occidental
La ampliación de los BRICS no es una declaración de guerra. Es un movimiento de piezas en un tablero que lleva décadas sin moverse.
La entrada de Turquía y Tailandia, dos países prousa desde hace décadas, es la señal más clara de que algo se está moviendo. Si el bloque consigue articular un sistema de pagos alternativo, el impacto será real. Si se queda en una foto de familia, no.
Con estos mimbres, la predicción más razonable es que el dólar siga siendo la moneda de reserva durante años. Pero el monopolio absoluto tiene fecha de caducidad. Nadie sabe cuándo.