Errejón dimite: terapia por adicción según la prensa y archivo de la causa
¿Por qué dimite un dirigente al que nadie ha condenado por lo que se le atribuye? Porque el desgaste se cobra antes que las sentencias. Iñigo Errejón renunció a la política después de que se hicieran públicas acusaciones de acoso, y la causa acabó archivada tras la baja de la abogada de la denunciante Elisa Mouliaá. Ese es el hecho. Lo que lo envuelve es otra cosa: una sospecha de adicción a la cocaína que llevaba tiempo circulando como
secreto a voces y que ahora se vende como la explicación de todo.
¿Por qué dimitió Iñigo Errejón?
La respuesta oficial es corta: por las acusaciones. La oficiosa es más larga, y tiene que ver con el consumo. Las versiones que circulan sostienen que la renuncia llegó cuando el consumo dejó de ser compatible con la vida pública, y que la salida fue el reconocimiento de haber tocado fondo.
El Confidencial publicó que llevaba
meses en terapia por adicción al sexo y a otras sustancias, una fórmula que en prensa funciona como eufemismo y que en la conversación pública se tradujo de inmediato a una sola palabra. Nadie ha confirmado esa terapia por otra vía, y ahí empieza el problema: la sospecha se lanzó sin que nadie hubiera visto un historial.
La información de junio de 2021 que se cita como punto de partida
El rastro más antiguo que se maneja es de
junio de 2021. Una información de esas fechas se presenta como la primera que abordó las consecuencias de sus adicciones, muy anterior a la dimisión. Eso sostiene la tesis del
secreto a voces: el problema era conocido, el silencio era colectivo y el estallido era cuestión de tiempo. También alimenta la lectura contraria, la de que se rescató un asunto viejo en el momento más oportuno. Ninguna de las dos se puede verificar con lo que hay encima de la mesa.
El doble rasero que se aplica a Albert Rivera
Antes de este caso, las rayas que se atribuían a Albert Rivera eran material de cachondeo. Circulaban, se comentaban y se archivaban en el capítulo de anécdotas. Con Errejón, el mismo tipo de sospecha se convirtió en asunto de primer nivel. Parte del análisis atribuye esa asimetría al color del partido:
bula para unos, escarnio para otros. Es un argumento difícil de medir y fácil de repetir, y por eso ha acabado ocupando más espacio que los propios hechos.
¿Cuándo se es cocainómano? Consumo y adicción no son lo mismo
Aquí el asunto se vuelve interesante, porque el diagnóstico se lanza sin manual. La distinción que se repite es nítida: haberse metido algo alguna vez no convierte a nadie en adicto, ni un gramo de
cocaína a más del 90% de pureza —la referencia que cita uno de los participantes— convierte a nadie en cocainómano. La frontera está en la repetición y en la pérdida de control. Una persona que dice haber sido consumidora durante años lo resume así: entre consumo y adicción no hay un matiz, hay
mucha distancia. Otras colocan el umbral mucho antes, en el momento en que alguien se plantea la segunda raya. De esa definición depende que la palabra adicto sea un término clínico o un arma arrojadiza.
Qué se cuenta de los centros de rehabilitación y las recaídas
Del relato de la recuperación sale el material más incómodo. Los centros funcionan, pero funcionan dentro. La frase que resume el problema: el centro está bien mientras estás dentro, y un día tienes que salir y la sustancia te estará esperando en la puerta. La salida real pasa, según esa experiencia, por romper el entorno: si sigues viviendo donde el acceso es fácil y conoces a la gente adecuada, no hay nada que hacer. Y las recaídas son la regla hasta que dejan de serlo.
La causa archivada: qué quedó sin resolver
En el plano judicial, la causa contra Errejón quedó archivada después de que la abogada de Elisa Mouliaá causara baja. El archivo cierra el procedimiento, no el asunto: no convierte en hechos probados las acusaciones y tampoco absuelve nada en el terreno de la opinión pública. Sobre la adicción, con terapia o sin ella, no hay más que una información periodística y una sospecha sostenida a base de repetición.
Y así queda el tablero: un político que dimite, una causa que se archiva por un trámite y una adicción que muchos dan por cierta porque alguien la contó primero. Si el consumo hubiera sido el motivo real, el comunicado lo habría dicho. Si no lo era, alguien ha gestionado el relato mejor que el propio interesado.