La factura de la luz sube un 10% con la energía un 80% más barata
El recibo eléctrico de los hogares españoles se encareció un
10,2% en abril de 2024, justo el mes en que los precios mayoristas de la electricidad marcaron su mínimo histórico. En la Unión Europea, la factura cayó de media un
3,2%; en la eurozona, un 3,5%. España registró así la cuarta mayor subida de todo el continente, solo por detrás de Francia, Portugal y la República Checa. La paradoja tiene dos explicaciones que se refuerzan entre sí: el fin de las rebajas fiscales de la crisis energética y unos márgenes comerciales que no han trasladado el desplome del pool a la mayoría de los clientes.
El IVA vuelve al 21% y el impuesto especial se triplica
Durante la crisis derivada de la guerra en Ucrania, el IVA de la luz llegó a ser del
5% y el impuesto especial sobre la electricidad del
0,5%. En marzo de 2024 el Gobierno eliminó esa ventaja fiscal: el IVA ya está en el
21% y el impuesto especial en el
3,8%, con margen para subir más en los meses siguientes. La secuencia agrava el golpe: primero se aplica el impuesto especial y después el IVA sobre esa base ya incrementada, con un efecto multiplicativo sobre el recibo final.
La factura se reparte aproximadamente en tres tercios: impuestos, costes regulados y coste de la energía. Con peajes y cargos constantes, la caída del coste mayorista la absorben las comercializadoras para engordar sus márgenes. El Instituto Nacional de Estadística ya ha señalado el aumento del gasto en luz en el IPC, lo que alimenta una inflación que no termina de morir.
¿Por qué no llega al consumidor la bajada del mercado mayorista?
El único contrato que recoge el precio del mercado spot es el Precio de Venta al Pequeño Consumidor (PVPC), y ni siquiera lo hace al 100% tras su reforma. Ahí está el mayor ahorro. Pero tras las fuertes alzas de 2022, las eléctricas lanzaron campañas agresivas para captar clientes al mercado libre: unos
19 millones de consumidores están acogidos a tarifas fijas frente a menos de
nueve millones en la tarifa regulada. Quien firmó en enero un precio anual superior no notará ahora la tan publicitada bajada del pool.
Hay quien sostiene que el problema es de diseño regulatorio: un oligopolio apoyado en leyes estatales y burocracia que le favorece, con subvenciones anuales y puertas giratorias hacia los consejos de administración. En contra pesa el argumento de que el mercado libre fue una elección voluntaria de millones de hogares, tentados por ofertas que prometían estabilidad frente a los bandazos del PVPC. El resultado, en cualquier caso, es que la media del recibo pagado está muy por encima del mercado mayorista.
El cálculo del ahorro que sí existe
No todo el mundo paga más. Quien se mantuvo en tarifa regulada y concentra el consumo en horas valle ha visto cómo el kilovatio hora antes de impuestos se quedaba en torno a
6,5 céntimos, con facturas de
36 euros mensuales frente a los 45 anteriores al tarifazo por franjas horarias y los 96 euros en lo más crudo de la crisis. El desglose completo de ese ahorro, partida a partida, da una diferencia que sorprende a quien solo mira el titular del recibo.
La otra vía que se extiende es el autoconsumo: placas solares más batería virtual para llevar la factura a cero, incluido el IVA. La actividad industrial se está recuperando y el precio mayorista ya ronda los
100 euros el megavatio hora entre semana, lo que anticipa presión al alza para el tercer trimestre. Con el IVA ya en el 21%, cada subida del pool se convierte en recaudación extra para el Gobierno.
La pregunta no es si la energía está barata en el pool. Lo está, y mucho. La pregunta es cuánto tarda eso en llegar al recibo de quien firmó a precio fijo, cuánto se queda por el camino en impuestos y márgenes, y si el próximo invierno traerá otra vez la tentación de mirar la tarifa regulada con nostalgia.