La OTAN multiplica por casi cuatro sus tropas en Europa del Este
El despliegue de la
OTAN en Europa del Este va a pasar de 80.000 a 300.000 soldados. La cifra la pusieron encima de la mesa el Telediario y
ABC, y desde el minuto uno arrastró una pregunta incómoda: de dónde salen los efectivos. Multiplicar por casi cuatro la presencia militar en el flanco este no es un ajuste contable, es una decisión política con consecuencias. Para unos es disuasión elemental. Para otros, la preparación de algo bastante peor. Y entre las dos lecturas, un cálculo que no cuadra.
¿De dónde salen 220.000 soldados más?
La primera grieta aparece en la aritmética.
España mantiene unos 800 soldados y, aplicando la proporción del reparto, tendría que aportar unos
7.000, ocho veces más. No hay bolsa de efectivos donde rascar. Y el problema no es solo español:
Estados Unidos no llega al medio millón de militares, de los cuales menos de 200.000 están destinados en bases repartidas por el mundo. El resto es personal de estructuras, mandos y apoyo, no tropa de combate lista para plantar una bandera al otro lado del Dniéper.
De ahí que la conclusión más repetida sea que el peso del despliegue acabaría recayendo en Polonia y en los países del flanco, que son quienes ponen la mayor parte de la carne. Hay quien defiende que la cuenta es en realidad más sencilla: los 300.000 no serían todos de combate y el anuncio persigue sobre todo efecto disuasorio. Sobre el papel, razonable. Sobre el terreno, nadie ha explicado todavía el mecanismo.
Otra corriente apunta en dirección distinta: si el despliegue es real, la lógica de la escalada se impone sola, y quien empieza moviendo divisiones acaba necesitando justificar por qué las movió. La disuasión y la provocación comparten presupuesto.
El precedente de Irak: 300.000 efectivos en un mes
El ejemplo que se repite para medir la magnitud es Irak.
Estados Unidos y la Commonwealth desplegaron 300.000 efectivos en la frontera iraquí en un mes, sin que faltara una gota de combustible ni un cartucho. La comparación sirve para dos cosas opuestas: para demostrar que Occidente puede mover esas cifras cuando quiere, y para recordar a qué precio se hizo.
La letra pequeña del paralelismo incomoda.
Bagdad era la ciudad con más sistemas antiaéreos por habitante del planeta, y el ejército iraquí venía de curtirse contra Irán con material ruso, estadounidense e israelí. Quien imagine que un despliegue así se resuelve en 48 horas con
400 aviones y drones está describiendo una película que no existe.
El eje China-Rusia y el papel de España
A la ecuación le falta una pata que casi nadie menciona en los anuncios: Pekín. El argumento que circula es que
China no puede permitirse una Rusia débil, porque la rusos y chinos están condenados a entenderse igual que Europa lo está con Washington. Si el conflicto sube de nivel, la ayuda llegaría, y la rivalidad dejaría de ser regional para convertirse en un pulso entre bloques.
En el lado español, el apunte que acompaña al anuncio es que este año
España coordinaría las operaciones desde Valencia. El detalle no es menor: coordinar implica ser nodo, y un nodo es un objetivo. Con 800 soldados propios y un compromiso teórico de 7.000, el papel de España se parece más al de anfitrión logístico que al de socio con peso en la decisión.
La sombra nuclear y el coste económico
El escenario que nadie quiere verbalizar es el choque directo. En un enfrentamiento abierto, la hipótesis que se maneja es que Rusia no se andaría con conquistas calle a calle y pasaría a golpear infraestructuras viarias y energéticas, con artillería a pleno rendimiento y misiles. La lectura contraria sostiene que Washington no ha intervenido precisamente para no cruzar esa línea, porque lo único que le quedaría al Kremlin en la mano es el botón nuclear.
Mientras, la factura. El gasto militar se dispara y las economías de la Unión Europea quedan al límite. Es el reverso de todo anuncio de despliegue: los efectivos se cuentan en miles, pero las partidas presupuestarias se cuentan en miles de millones que salen del mismo sitio de siempre.
Nadie discute que la OTAN exista para algo. Lo que se discute es si mover 300.000 soldados, con las cuentas sin cerrar y el precedente de Irak sobre la mesa, reduce el riesgo o lo sube varios peldaños. Si el despliegue se confirma con las cifras prometidas, habrá que ver cuántos de esos 300.000 son reales y cuántos son, una vez más, una cifra de anuncio.