Sarna en Ceuta: el brote que expone la salud de la tropa
La escabiosis, más conocida como sarna, ha saltado a los titulares por un brote detectado entre los militares desplegados en Ceuta. En plena tensión migratoria en la frontera, las Fuerzas Armadas gestionan ahora un problema de salud que, según los análisis, combina falta de higiene en los acuartelamientos, recortes en sanidad militar y una presión asistencial que la ciudad no puede absorber.
Qué se sabe del brote: un ácaro, mucha humedad y poco margen
La sarna es una infección cutánea causada por el Sarcoptes scabiei, un ácaro que excava túneles en la piel y provoca un picor que puede volverse insoportable. El contagio exige contacto físico estrecho, o ropa y ropa de cama compartidas. Condiciones, todas ellas, que un cuartel hacinado cumple con facilidad. El tratamiento de referencia, la permetrina, suele resolver el cuadro, pero si no se trata a todo el entorno, los rebrotes pueden durar meses o incluso años.
En el caso de Ceuta, la explicación más extendida entre los análisis apunta a fallos estructurales: soldados que duermen en espacios comunes sin ventilación, duchas y taquillas compartidas, y una logística que, según se ha denunciado, deja a la tropa incluso sin cargadores amunicionados. El sarnoso, en esta lectura, no es el soldado que rasca, sino el que firma los acuartelamientos como si fueran hoteles.
La presión migratoria como telón de fondo
El brote no se entiende sin el contexto de Ceuta. La ciudad soporta una cifra de inmigrantes que las estimaciones sitúan en torno a 10.000, y los discursos más duros recuerdan el episodio de los 70.000 llegados de una sola vez. Es ahí donde surge la otra corriente: la que atribuye el foco a personas migrantes con afecciones dermatológicas no tratadas. La Gendarmería Real Marroquí, se dice, evita el contacto directo con los sarnosos «porque usan bastones», mientras que los militares españoles habrían establecido contacto piel con piel.
Frente a esa versión, hay quien recuerda que el ácaro no entiende de ideologías. Necesita humedad, calor y contacto estrecho; el mismo perfil que ofrece un cuartel saturado. Y se aporta un dato incómodo: en el norte de España, donde el clima es húmedo, se registran brotes desde hace años. La sarna no es endémica de Marruecos, por mucho que algunos se empeñen en convertirlo en una cuestión de frontera.
La respuesta oficial y sus contradicciones
La gestión política tampoco sale bien parada. Mientras la ministra de Sanidad habría asegurado que los inmigrantes «no traen enfermedades», las mismas fuentes contabilizaban 28 hospitalizados por este tipo de dolencias. La contradicción ha alimentado el malestar, y la crítica al Gobierno se extiende: desde los ministros de vacaciones hasta la falta de protocolos para proteger a la tropa en una ciudad al límite.
Mientras las interpretaciones tiran por esos dos carriles, hay una frase hecha que vuelve a circular: «sarna con gusto no pica». Cierto es que la mayoría de soldados fue enviada a regañadientes. Pero el parásito, insistimos, no hace distinciones. Hasta que no se ataque la causa material —hacinamiento, falta de medios y protocolos de salud laboral—, el siguiente brote será solo cuestión de tiempo.