Ceuta usa un centro ecuestre para acoger migrantes
Ceuta ha decidido que los caballos del centro ecuestre pueden esperar; los migrantes, no. La medida, adelantada por El Pueblo de Ceuta, consiste en trasladar a los animales para habilitar las pistas como alojamiento provisional. Una solución de emergencia que, como todas, deja heridas.
El caballo como daño colateral
Las reacciones no se han hecho esperar. Están los que consideran que el caballo es un animal noble y que no merece ser desalojado por una crisis que no ha creado. También hay quien ve en la decisión un síntoma de la falta de previsión de las administraciones, incapaces de ofrecer una acogida digna sin recurrir a infraestructuras pensadas para otro fin. Y no falta el que apunta con retranca que los defensores de los animales, tan ruidosos en otras causas, guardan silencio cuando los afectados son personas.
Una solución de emergencia con coste a largo plazo
Detrás de la anécdota equina asoma un problema estructural: la ciudad autónoma lleva años soportando una presión migratoria desproporcionada para su tamaño. Cada llegada obliga a improvisar, y la improvisación siempre acaba pagándola alguien. Esta vez son los caballos los que cargan con el coste, aunque el verdadero precio, en términos de convivencia y recursos municipales, se pagará durante meses.
Si la tendencia no cambia, este será el primero de muchos realojos exprés. Y el debate sobre dónde poner a las personas y a los animales seguirá aplazándose. Mientras tanto, los caballos, al menos, sabrán lo que es dormir fuera de casa.