Rusia y el islam: 15-20 millones de fieles y siglos de convivencia tensa
En 2020, Rusia registra aproximadamente un 72% de cristianos ortodoxos, un 10% de musulmanes, un 9% de agnósticos, un 6% de ateos y un 3% de otras religiones. El dato, extraído de un recuento demográfico que circula en el debate, desmonta la idea de una «islamización» reciente del país. La comunidad musulmana rusa no es un fenómeno migratorio de última hora:
son ciudadanos rusos desde hace 500 años, cuando el país se expandió hacia el este y, más tarde, hacia el sur, incorporando culturas que ya profesaban el
islam. Hay quien sostiene que esa antigüedad convierte a Rusia en un caso único en Europa; otros replican que la antigüedad no ha evitado la tensión.
¿Cuántos musulmanes hay realmente en Rusia?
La cifra que se maneja en el material es de
entre 15 y 20 millones de seguidores del islam, a los que se suman varios millones de inmigrantes procedentes de Asia Central y Azerbaiyán. No todos son practicantes ni todos son inmigrantes: una parte sustancial son ciudadanos rusos de pleno derecho, con pasaporte y generaciones de arraigo. El cálculo más optimista subraya que el islam ruso bebe de tres fuentes históricas distintas —otomana, mongola y persa—, lo que produce comunidades chiíes, suníes y sufíes que no siempre comparten agenda. Esa fragmentación interna, argumentan algunos, dificulta cualquier proyecto de bloque político único. En contra pesa el hecho de que la radicalización no requiere unidad: germina en el malestar y la marginación, no en la teología comparada.
Chechenia: el caso que rompe todos los promedios
El ejemplo que se repite con más insistencia es el de Chechenia.
Hace 100 años tenía una población musulmana extremadamente reducida y hoy es casi el 100%, según una de las afirmaciones que se cruzan en la discusión. Otra corriente matiza que esa cronología es imprecisa y que a finales del siglo XIX ya había un número considerable de musulmanes en la región, mientras que los paganos no evangelizados se concentraban más en Ingusetia y otras zonas del Cáucaso norte. La discrepancia no es menor: si el crecimiento musulmán checheno es un fenómeno de un siglo, la «islamización» es un proceso reciente y acelerado; si es de varios siglos, la etiqueta pierde fuerza. Lo que nadie discute es el peso demográfico actual de la región y su singularidad política dentro de la federación.
¿Por qué se compara la presencia musulmana en Rusia con la de Francia?
La comparación con Francia aparece una y otra vez, pero los términos del paralelismo son discutidos. Un sector del análisis sostiene que
Rusia tiene muchos más musulmanes que Francia en términos absolutos, aunque en proporción la diferencia se estrecha. El problema francés, se argumenta, es de integración: en Francia los censos por religión están prohibidos desde 1872, lo que impide saber cuántos musulmanes hay realmente, y algunos residentes hablan de una «integración a la inversa» en las banlieues. En Rusia, en cambio, la comunidad musulmana es nativa en su mayoría, con siglos de presencia, lo que teóricamente facilitaría la convivencia. La objeción es obvia: la antigüedad no ha impedido dos guerras en Chechenia ni un flujo constante de agravios históricos.
El Cáucaso, la tensión que no se mide en censos
Más allá de los porcentajes, el material insiste en un punto que no aparece en las estadísticas: la percepción de exclusión. Se afirma que los musulmanes rusos se sienten excluidos y que los rusos nativos no los consideran plenamente rusos. Varias personas que coincidieron con originarios del Cáucaso fuera de Rusia describen una opinión muy negativa hacia Moscú, con memoria de masacres en guerras anteriores y miedo a expresarlo dentro del país. Es testimonio, no dato, pero apunta a una fractura que ningún porcentaje de practicantes captura. La relación entre rusos y musulmanes, resumía uno de los intervinientes, «no es nada buena».
El factor Kadirov y el peso del islam en la política rusa
La dimensión política cierra el cuadro. Se menciona que el líder checheno
Ramzán Kadirov tiene peso propio en el equilibrio ruso y que un episodio de quema del Corán derivó, según un interviniente, en la entrega del responsable a las autoridades chechenas, con una condena posterior de dos años y medio de cárcel. Ese episodio, si se confirma en los términos descritos, indicaría que el Kremlin gestiona el islam con una mezcla de concesión y mano dura, no con simple represión. Para unos, eso demuestra que Moscú respeta el islam como religión de Estado; para otros, que ha delegado parte de su soberanía en un caudillo regional a cambio de estabilidad.
Lo que el censo no cuenta
Con 15 o 20 millones de musulmanes, Rusia tiene la mayor comunidad islámica de Europa. La pregunta no es cuántos son, sino cuántos se sienten parte del país. Los datos disponibles apuntan a una convivencia antigua y tensa, con episodios de violencia en el Cáucaso y una integración desigual según la región. El resto es interpretación.