Gran Vía 2023: el vídeo del autobús contradice el relato de multitud
Un autobús descapotable avanza por la Gran Vía. Una emisora retransmite desde su azotea y habla de una calle rebosante. Y dentro del propio vehículo, una cámara enfoca una acera por la que no pasa nadie. Ese choque de planos es el origen de la polémica: la celebración de la
Selección española campeona del mundo en 2023 y el relato de multitud que la envolvió.
El detonante fue un mensaje del programa
Hora 25, de la Cadena SER, con imágenes tomadas desde la calle y desde la azotea de la emisora y presentadas como la rúa del equipo campeón. La respuesta llegó en minutos: «no se ponen ni coloraos», resumía el primero que contestó. A partir de ahí, dos corrientes. Una da por buena la estampa de una ciudad volcada. La otra sostiene que las cifras no aguantan un plano abierto.
Qué se le reprocha exactamente a la retransmisión
El reproche no es la celebración, sino su puesta en escena. Se apunta que los planos se eligieron para que el autobús pareciera avanzar entre una marea humana y que el recorrido no obligó siquiera a cortar el tráfico. Ese detalle, el del tráfico intacto, es el más repetido: si la calle estuviera realmente desbordada, el itinerario habría exigido un dispositivo que, según esta lectura, nunca se activó.
La defensa del relato oficial es más simple. Una retransmisión en directo muestra lo que tiene delante, y un recorrido institucional no llena cada metro de asfalto. Hay quien recuerda que las concentraciones se miden por densidad y no por continuidad, y que una acera vacía junto a un desfile no invalida el desfile.
¿Por qué se compara la celebración con la Navidad?
Porque la Navidad funciona como unidad de medida popular de la congestión. En el tramo más repetido se aseguraba que en esa misma calle hay más gente en diciembre que en la rúa del equipo campeón. Otros bajaban el listón: la cola de una tienda de ropa cercana bastaba para igualar la afluencia. Alguien lanzó incluso la cifra de
300.000 asistentes, pero con retintín, como quien recita un dato oficial sin creérselo.
Ninguna de esas comparaciones tiene base estadística. Nadie mide aforos navideños a pie de acera. Sirven para otra cosa: fijar una referencia que cualquiera puede comprobar desde su casa y que no depende de que un medio la certifique.
El vídeo de RTVE: la acera desierta entre el segundo 8 y el 18
Aquí está la prueba que más se cita. Un vídeo grabado desde dentro del autobús y difundido por RTVE: entre el segundo 8 y el 18, mientras la narración habla de la gente que ocupa la calle, el plano deja ver una acera completamente vacía durante varios segundos. El desglose de ese fragmento, segundo a segundo y con lo que aparece en cada uno de ellos, es el material que se comparte para sostener la tesis del montaje.
La lectura contraria es igual de directa: un plano subjetivo desde un vehículo en movimiento captura lo que tiene delante, no el conjunto. Elegir segundos concretos es tan arbitrario como elegir los planos que solo muestran el autobús. Dos maneras de recortar la realidad. La cuestión es cuál de las dos se emitió como si fuera la realidad entera.
El tráfico, la azotea y los detalles que se repiten
Dos elementos concretos alimentan la desconfianza. El primero es que no se cortara la circulación: en una avenida con aforos de récord, un dispositivo así se activa por protocolo, y su ausencia se lee como indicio. El segundo es el punto de emisión: la cobertura se hizo desde la azotea del propio edificio de la emisora, con vistas privilegiadas y, a la vez, con un ángulo que solo abarca lo que queda justo debajo.
Y un tercero, más doméstico: alguien recordó que en la coronación de Felipe VI había más gente en la calle. Son anécdotas, no censos. Pero todas apuntan al mismo sitio: la dificultad de contrastar una cifra de asistencia cuando nadie publica esa cifra.
2010 como espejo de la celebración de 2023
La celebración del Mundial masculino de 2010 reaparece varias veces como término de comparación. Quien estuvo en esa misma zona sostiene que la diferencia de afluencia, yendo poco después de la victoria y no a la llegada de los jugadores, era apreciable. Del lado opuesto se responde que la comparación es tramposa: distinto horario, distinto recorrido y un contexto que no admite superposición directa.
Cuando la crítica al relato se convierte en otra cosa
No todo fue análisis. Buena parte de las respuestas derivó hacia descalificaciones del
fútbol femenino y hacia comentarios sobre las jugadoras que no tienen nada que ver con aforos ni con planos de televisión. Ese tramo, más ruidoso que útil, acabó diluyendo la discusión sobre la cobertura en una pelea sobre si el deporte merece ser retransmitido.
Conviene separar dos cosas. Cuestionar cómo se construye un relato informativo es periodismo. Negar el interés de un evento por quién lo protagoniza no dice absolutamente nada sobre cuánta gente había en la calle.
Queda el hecho incómodo: un mismo recorrido produjo imágenes llenas y vacías, y no consta ninguna medición independiente del aforo. ¿Se puede seguir discutiendo sobre una multitud sin contarla?