Telecinco cancela 'Caiga quien caiga' tras su regreso a la parrilla
Telecinco ha decidido que 'Caiga quien caiga' deje de emitirse el próximo 2 de marzo. El hueco que deja el programa lo ocupará la gala dominical de 'Supervivientes'. La noticia, adelantada por ABC, cierra un relanzamiento que apenas ha durado unas semanas y que nació con la sospecha de buena parte del público de que el formato ya no encajaba ni en la cadena ni en el momento.
El regreso del formato, presentado por Santi Millán y acompañado por un equipo de colaboradores, se topó desde el primer programa con una lectura muy concreta: el humor político del original se había convertido en otra cosa. La cancelación no es una sorpresa para quien siguió el arranque.
El programa se despide antes de consolidarse y deja a la cadena con un domingo que rellenar.
Qué era 'Caiga quien caiga' y por qué vuelve ahora
El formato es de origen argentino y en España tuvo su época dorada en los años 90, con una sección de ética periodística que se recuerda como irrepetible. Aquella versión se emitía en un contexto político distinto, con el PP en el Gobierno, y su gracia consistía en incomodar al poder con cámara en mano.
Otros tiempos, dicen quienes vivieron el original.
El relanzamiento intentó recuperar ese espíritu con una puesta en escena renovada. Los presentadores aparecían caracterizados con un aire de 'men in black' y un humor que, según varias lecturas, apuntaba siempre en la misma dirección. El primer programa ya dejó claro el tono: un chiste sobre la extrema derecha como carta de presentación. A partir de ahí, la audiencia empezó a dividirse entre quienes pedían paciencia y quienes daban el formato por muerto antes de la segunda emisión.
La comparación con el original es inevitable y, para muchos, demoledora.
El 'Caiga quien caiga' de los 90 no tiene nada que ver con este, ni en equipo ni en contexto. La sección de ética periodística, ese espacio en el que los reporteros perseguían a políticos y empresarios con preguntas incómodas, se ha quedado sin sucesor claro.
El problema del humor político cuando gobierna tu propia cuerda
La crítica más repetida al programa no es de forma, sino de fondo. Un espacio que se presenta como antisistema, rebelde e incisivo pierde sentido cuando el poder establecido es el que uno mismo defiende. Esa contradicción, señalada con insistencia, explica por qué el formato no ha conectado con una parte del público que sí disfrutó del original.
Hay quien sostiene que el humor solo funciona cuando se mete con el poderoso, y que cuando se limita a apuntalar el discurso oficial se vuelve vergonzante. En la acera opuesta, la respuesta es más simple: el programa era basura desde el principio, entonces y ahora. Entre ambos extremos, una corriente más matizada reconoce que el formato tenía momentos buenos, pero que la evolución de su presentador estrella —de azote del poder a defensor del Gobierno— ha terminado por vaciarlo de gracia.
El resultado es un producto que no contenta a nadie.
Ni los espectadores más afines lo ven, según las lecturas más duras, ni los que buscan oposición real encuentran en él lo que promete. La parrilla española acumula años de programas que nacen con vocación de incomodar y acaban convertidos en propaganda de un lado o de otro.
La parrilla como termómetro: quién sobrevive y quién cae
La cancelación de 'Caiga quien caiga' se lee también como un ajuste de cuentas de la propia cadena. Telecinco prefiere una gala de 'Supervivientes', un formato de entretenimiento puro, antes que un espacio que le genera polémica y no le garantiza audiencia. La decisión es fría: si el programa no rinde, se sustituye.
El debate de fondo es si existe espacio para un humor político que no sea de trinchera. La respuesta que da el sector más crítico es que no, que el público ya distingue perfectamente entre quien se ríe del poder y quien se ríe con el poder. Y que esa distinción, antes difusa, ahora es evidente para cualquiera que encienda la televisión.
Queda el consuelo de los nostálgicos: recuperar el 'Caiga quien caiga' original, con su equipo y su contexto, es imposible. La sección de ética periodística no volverá porque el ecosistema que la hacía posible —medios, políticos y audiencia— ya no existe. Lo que queda es un formato que se apaga el 2 de marzo, un domingo que se llena con 'Supervivientes' y la sensación de que la televisión generalista sigue buscando su sitio sin encontrarlo.