La Guardia Civil difunde una campaña anti-odio con una imagen creada por IA
La
Guardia Civil publicó un mensaje en redes sociales para explicar que los delitos de odio no solo dañan a la víctima directa, sino también a quienes comparten sus características, generando un sentimiento colectivo de miedo e inseguridad. El problema, según la primera reacción que abrió el asunto, es que
la imagen que acompañaba al tuit no era real: estaba hecha con inteligencia artificial. A partir de ahí, la conversación derivó hacia un territorio mucho más amplio: el papel del instituto armado, la definición legal del odio y quién decide qué es delito y qué no.
Qué decía el mensaje oficial y por qué se cuestionó
El tuit original de la Guardia Civil, con las etiquetas #StopOdio y #StopDiscriminación, sostenía que este tipo de delitos buscan causar daño a la víctima y a quienes poseen sus mismas características. La respuesta inicial fue tajante:
la imagen ni siquiera es real, la han hecho con IA. La crítica no era solo estética. Para una parte de los participantes, que un cuerpo policial ilustre una campaña con una imagen generada artificialmente dice mucho del momento:
se percibe como una distopía sin vuelta atrás.
El asunto se amplió cuando se comprobó que el tuit existía de verdad. Un participante confirmó haber visitado la página y haber encontrado el mensaje del día 11. La sorpresa dio paso al análisis: no era un montaje, era una campaña oficial. Y eso abrió la puerta a discutir el marco entero.
El debate sobre la Guardia Civil y su historia
La conversación derivó rápidamente hacia el pasado del cuerpo. Se recordó que en la historia de España ha habido un debate recurrente sobre la conveniencia de suprimir la Guardia Civil, comparándola con otras instituciones que ya estaban acabadas en 1931. La tesis que se sostiene en varios mensajes es que
el franquismo la reactivó y ahora toca padecerla. Frente a eso, otra corriente defiende que el único ejército real que tenía España en aquel momento estaba en África y cruzó el estrecho contra viento y marea.
El intercambio se endureció. Hay quien califica la situación de repugnante. Hay quien ironiza preguntando si cuando no españoles agreden a guardias civiles no hay que discriminarlos y hay que dejarles hacer. Y hay quien sitúa el origen de la degradación en etapas de gobierno concretas, mencionando a Felipe González y a Luis Roldán,
para variar.
La cartilla de 1845 y el artículo que ya no está
Uno de los aportes más concretos del debate fue la comparación normativa. Se citó la cartilla del Guardia Civil redactada por el duque de Ahumada y aprobada en 1845, cuyo capítulo I, artículo 26, ordenaba abstenerse cuidadosamente de acercarse a escuchar conversaciones de personas en calles, plazas, tiendas o casas particulares, porque sería un servicio de espionaje ajeno al instituto.
Según esta lectura, esa cartilla estuvo vigente 177 años, hasta 2022, cuando se actualizó y no quedó ni rastro de dicho artículo. La conclusión que se extrae es que el cambio de doctrina es el verdadero giro, más allá de una imagen generada por IA.
Delitos de odio, libertad de expresión y quién decide
El núcleo del malestar está en la definición. Varios mensajes sostienen que
no se puede decir nada porque ellos deciden lo que es odio. Se afirma que es una dictadura en la que, si no piensas como ellos, te encarcelan. Y se enmarca en un fenómeno más amplio: se menciona el caso del Reino Unido, donde se dice que la policía se arrodilla ante unos colectivos y detiene a otros por protestar por ello.
En paralelo, se recuerda el caso de un compañero al que, según este relato, le mandaron un comando de asalto por quejarse de la inmigración, con una detención en Almería por difundir mensajes de odio en redes. La comparación que se hace es que, mientras tanto, los inmigrantes de los que se quejaba aparecen en otras informaciones. El argumento de fondo es que el rasero no es el mismo para todos.
La respuesta institucional y el desgaste de imagen
La conversación también recogió mensajes de la Policía Nacional sobre hombres que llevan bolso, mujeres que no se depilan y señores con uñas pintadas, bajo el lema #CuálEsElProblema. Y tuits de la Guardia Civil sobre diversidad y orgullo. Para una parte de los participantes, esto confirma que los cuerpos policiales han entrado en un terreno que no les corresponde.
La crítica más repetida es que
saben de sobra que no se trata de odio. El razonamiento es que a la Guardia Civil también le parecería mal que soltasen población reclusa de Finlandia o Suecia, o que hubiera abusos sexuales cometidos por suizos, y actuaría con contundencia. La conclusión que se extrae es que el problema no es la seguridad, sino el uso político del concepto de odio para limitar la libertad de expresión.
La UCO, el narcotráfico y el contrapunto
No todo el análisis fue negativo. Una intervención defendió que la Guardia Civil tiene a la UCO, y que cuando entra en escena
muchos políticos empiezan a sudar frío, independientemente de su identidad política. Se recuerda que es el cuerpo policial más valorado por la sociedad española como eficaz y confiable, y que la UCO no investiga por entretenimiento. La respuesta a esto fue que la UCO no es igual que el resto del cuerpo, y que, según se sostiene, los guardias están monitorizando foros en la sección de telemáticos, lo que se califica de ilegal y delictivo por vigilancia masiva sin indicio de delito.
El cierre del arco lo puso una intervención que señaló el Guadalquivir convertido en pasarela del narcotráfico mientras la Benemérita se ocupa de reprimir sentimientos.
Lo que hubiera dado Berlanga por un guión así.
Qué se puede esperar
Con este material, la previsión es que la campaña no se retire y que el debate sobre la definición legal del odio siga escalando. La hipótesis que se maneja es que el objetivo es que la gente se quede en casa, porque a la que se conecta a internet o pone un pie en la calle las posibilidades de cometer un delito son casi del 100%. Si eso se cumple, el desgaste no será solo de la Guardia Civil, sino de la propia idea de seguridad. Y ahí nadie tiene un plan que funcione.