Carreras inútiles vs útiles: el gráfico que cruza sueldo y arrepentimiento
Hay una forma de medir una titulación que no aparece en ninguna guía oficial: cruzar lo que gana el graduado con lo que opina de haberla estudiado. El resultado, según el planteamiento que abrió esta discusión, se reparte en cuatro cuadrantes y deja un mensaje incómodo: existe un grupo de carreras donde el sueldo es bajo y, además, quien las cursó no volvería a hacerlo. Ese cuadrante rojo es el que conviene evitar.
La idea parte de un tuit que propone combinar dos fuentes: las bases de cotización esperadas y las encuestas de satisfacción retrospectiva de los graduados, medida como el porcentaje de titulados que no repetirían carrera o que directamente no pisarían la universidad. Con esos dos ejes, el gráfico separa cuatro territorios: los que ganan bien y repetirían, los que ganan bien pero no repetirían, los que ganan mal pero mantienen la vocación y los que ganan mal y arrastran arrepentimiento.
Qué carreras caen en el cuadrante rojo
El diagnóstico más repetido es que en el rojo se acumulan las titulaciones de letras, las sociales y varias de las llamadas vocacionales. Turismo aparece citado de forma recurrente como el caso paradigmático: una carrera que, según esta corriente, se aprende trabajando en una oficina de información turística o en un periódico, no en cuatro años de facultad. Periodismo y Publicidad reciben el mismo trato: oficios convertidos en grados.
El argumento que sostiene esa tesis es que esas facultades existen, en parte, para mantener ocupadas plantillas docentes y para generar una promoción anual de titulados con expectativas infladas y salidas escasas. Es una lectura dura, pero explica por qué el gráfico coloca a esos graduados en la esquina peor: ni dinero ni ganas de repetir.
En el cuadrante amarillo quedan los que ganan poco pero no se arrepienten. Ahí la vocación sostiene el resultado. En el azul están los que cobran aceptablemente y tienen trabajo, aunque no siempre repetirían. La conclusión que se extrae es simple: si hay que elegir, mejor el amarillo que el rojo, y mejor el azul que cualquiera de los dos.
Odontología cobra menos que estudiar Música
El dato que más desconcierta del gráfico es el de Odontología. Una carrera sanitaria con nota de corte alta, cinco años de grado y un posgrado privado que cuesta un riñón aparece pagando menos que Música. La comparación se repite con Fisioterapia, que ya arrastraba fama de mileurista pese a exigir notas propias de Medicina.
La explicación que se maneja es la saturación: abrir una clínica desde cero hoy implica hipoteca para equipamiento y competir con franquicias de bajo coste y seguros que presionan los precios. El profesional asalariado no lo tiene mejor. Veterinaria sigue un patrón parecido, salvo que se especialice en exóticos o salte a la industria farmacéutica.
Magisterio, el chollo que indigna a los ingenieros
Uno de los ejes más repetidos del debate es la comparación entre Magisterio y las ingenierías. La tesis es que un maestro de primaria, con una carrera considerada fácil, entra en el funcionariado, cobra trienios, tiene veranos libres y a los diez años supera el sueldo de un ingeniero con quince años de experiencia en el sector privado. Un profesor universitario que participa en la discusión lo confirma desde dentro: cobra menos que muchos docentes de secundaria porque su antigüedad se construyó en la empresa privada.
El cálculo que se repite es que un maestro puede llegar a los 3.000 euros brutos en catorce pagas, con dos meses de vacaciones y sin la presión de plazos ni clientes. La objeción habitual —preparar clases los primeros años— se diluye con la experiencia. Frente a eso, un ingeniero aeronáutico aparece en el gráfico con 30.000 euros anuales. El contraste explica, según esta lectura, por qué no hay un éxodo masivo hacia otros sectores.
El efecto de la inflación sobre el gráfico
Un matiz importante: los salarios del gráfico son de 2019. Con la inflación acumulada desde entonces, la frontera entre estar bien y mal pagado debería haberse desplazado hacia la derecha. Lo que se observa es lo contrario: los puntos que superaban los 30.000 euros se han movido hacia la izquierda. Es decir, el mapa se ha empobrecido en términos reales.
El rango global que se cita va de 10.000 a 40.000 euros brutos anuales. Con ese abanico, la conclusión que se repite es que España es un país de salarios bajos donde llegar a 1.500 euros netos ya sitúa al trabajador por encima de la media. La única vía para independizarse, según este análisis, pasa por quedarse en casa de los padres hasta pasados los treinta y ahorrar el sueldo entero.
Qué pasa con ADE, Turismo y los perfiles de oficina
La conversación deriva hacia qué hacer con los títulos que no desaparecen. Para ADE, la recomendación es especializarse en compliance, riesgo o ciberseguridad desde el lado del negocio, o aceptar que el valor estará en la parte relacional: contactos, presupuestos, auditorías. La automatización de procesos administrativos se lleva por delante a buena parte de los perfiles genéricos.
Para Turismo, la salida que se plantea es cavar un nicho de lujo o experiencial extremo, o cambiar de sector. En Data Science, el aviso es que el mercado ya está inundado de bootcamps de tres meses y que solo sobrevive quien trae base matemática y capacidad real de ingeniería. Aplicar IA a un negocio tiene un valor residual que cae a velocidad de vértigo.
Con estos mimbres, la pregunta no es qué carrera elegir, sino si el sistema de incentivos que paga más cerca del presupuesto público que del valor generado puede sostenerse mucho tiempo más.