Comprar casa en el rural francés: ¿la alternativa que España no quiere ver?
Según un análisis de portales inmobiliarios, una casa de 5 habitaciones en Segré-en-Anjou Bleu, Francia, se vende por menos de 100.000 euros. En la España rural, por ese precio apenas se encuentra una ruina que necesita 50.000 euros más de reforma. La diferencia no es marginal: el mercado francés ofrece vivienda habitable a precios lógicos, mientras el español castiga al comprador con activos sobrevalorados. La pregunta es por qué.
El espejismo del campo español
El problema no es nuevo, pero los datos lo confirman. En Francia, el rural es funcional: pueblos con servicios, casas normales para gente normal. En España, el rural se ha convertido en un parque temático para nómadas digitales, guiris con nostalgia y urbanitas con complejo bucólico. La demanda artificial infla los precios de la basura. Un ejemplo: en idealista se puede encontrar una casa en la sierra de Albarracín por 60.000 euros, pero es una ruina. La misma inversión en Francia da una vivienda habitable con jardín.
Impuestos y modelo de propiedad
El truco, apuntan algunos análisis, está en los impuestos. Francia tiene la taxe foncière y la taxe d'habitation, que suelen ser más bajas en zonas rurales deprimidas que el IBI español, que se dispara incluso en pueblos vacíos. Además, el valor catastral francés es más realista. En España, el suelo rústico se ha inflado artificialmente por expectativas de recalificación o por la compra de fondos buitre. El resultado: pagas más por menos.
Dos visiones contrapuestas
Hay quien defiende que el rural español tiene encanto y que el precio está justificado por el clima o el paisaje. Se ponen ejemplos como la Vega del Codorno, a 1.500 metros de altitud, donde por 50.000 euros tienes una casa con vistas. Pero otros replican que esos casos son excepciones y que el invierno es duro y los servicios, escasos. La mayoría coincide en que, en Francia, la relación calidad-precio es más homogénea.
La conclusión es que el mercado rural español sigue lastrado por la burbuja del ladrillo que construyó más viviendas que Francia, Alemania e Italia juntas. Esas casas, muchas en mal estado, se venden ahora como si fueran oro. Mientras, en Francia, el sentido común aún impera. El lector que busque una casa de campo haría bien en mirar al otro lado de los Pirineos.
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