El caza más bonito de la historia: del Su-35 al Me-262
Cada verano vuelve la misma apuesta de sobremesa: cuál ha sido el caza más bonito o el más
molón de todos los tiempos. Lo que arrancó como un pasatiempo sano ha terminado reuniendo
248 respuestas y un catálogo que salta del Su-57 ruso al Horten Ho 229 alemán. Nadie se pone de acuerdo, y ahí está precisamente la gracia.
La primera apuesta fue el Su-57, al que se colgó la etiqueta de «alienígena». No convenció del todo, pero abrió la veda. Desde entonces la conversación se reparte entre tres bloques: los cazas rusos, la vieja escuela estadounidense y la aviación de reacción alemana e inglesa. En medio, un dato técnico que casi nadie espera y que tira por tierra buena parte de la leyenda.
Por qué el Su-35 y el MiG-29 se llevan la palma estética
Para una parte del personal, la respuesta está en el bloque soviético. El
Su-35 y el MiG-29, con planos canard, entradas de aire agudas y formas orgánicas, se llevan los elogios por estilizados. El Su-35 aparece repetido entre los más bonitos jamás construidos, y hasta se cuela el Su-47 de alas invertidas en la lista. Los grandes cuerpos de motor y las tomas de aire laterales se describen como hombros musculosos: transmiten fortaleza incluso con el aparato parado.
Frente a ellos, la escuela estadounidense juega otra carta. El
F-14 Tomcat se impone como arquetipo: lo que aparece cuando alguien cierra los ojos e imagina un caza. Le acompañan el F-4 Phantom, al que se reconoce como el aparato que lo cambió todo, y el F-15, cuya ausencia se considera directamente un pecado. Completan el cuadro el F-16, el F-18, el B-2 Spirit y, en helicópteros, el ruso MI-28NE. El Mirage F1 francés, el Eurofighter Typhoon y el Dassault Rafale meten la cabeza en la misma lista.
¿Cuánto duraba el motor de un Me-262?
Diez horas. Ese es el número que desmonta la leyenda del primer caza de reacción operativo. El motor del Me-262 ardía tras ese tiempo de funcionamiento, matando al piloto, y sus álabes llegaban a tocar las paredes de las turbinas. Alemania carecía de los metales raros necesarios para aleaciones resistentes a altas temperaturas, algo que sus ingenieros conocían y compensaban cambiando motores más a menudo.
La respuesta aliada tampoco se queda corta. El
Gloster Meteor y el P-80 ya estaban en servicio en paralelo al Me-262, y hay quien sostiene que, de haber hecho falta, se habrían fabricado miles de unidades. Con matices: el Meteor era un retroceso aerodinámico, con alas rectas igual que el P-80, y en Corea solo era capaz contra aviones de hélice. Las memorias de Adolf Galland se citan como fuente sobre la fragilidad del reactor alemán.
El Lightning británico: bonito, caro y con barriga
El English Electric Lightning es el candidato que más discute.
Gloria alada con turbosoplante Rolls-Royce montado en vertical para unos, feo de narices para otros. Nació anticuado, con casi una década de retraso frente a las potencias supersónicas, aunque fue el
primer avión supersónico de la RAF. Como todo interceptor inglés, iba corto de combustible, de ahí esa barriga que le añadieron para ganar autonomía. El veredicto más duro: más grande, más caro y menos versátil que el Phantom.
Ho 229, Draken y otras rarezas que nadie espera
El Horten Ho 229, el padre de todas las alas voladoras, es la curiosidad técnica recurrente. Se le atribuyen
977 km/h de velocidad máxima, 1.900 km de alcance y un techo de 16.000 metros; sus defensores sostienen que superaba a cualquier cosa aliada. Armamento previsto: cuatro cañones de 30 mm y dos bombas SC de 1.000 kg. Nunca pasó de prototipo.
Hay más. El Kyushu J7W Shinden, salido casi de una película de ciencia ficción; el Saab Draken y el Gripen, porque los suecos hacen aviones muy raros; el Blackburn Buccaneer, avión de ataque embarcado; el F8 Crusader con sus alas de incidencia variable; el F11 Grumman, tallado con la regla del área, y el TSR-2 inglés, de cuando los británicos todavía tenían algo que decir en ingeniería. Y el I-16 Mosca, al que se llama el
Lada del aire: su motor radial de nueve cilindros entregaba la mitad de potencia que el del Bf 109, pero lo parecía más por voluminoso.
¿Qué avión español preside el Cuartel General del Aire?
Un C-101. El mismo modelo que se reivindica como aparato de ataque ligero «con empaque y cojones». Uno de estos aviones está expuesto frente al Ministerio del Aire, en plena Moncloa, y se ha convertido en la candidata patria del listado. Compite con el Mirage F1, antiguo caza del Ejército del Aire en el Ala 14.
El punto donde se atasca la elección
Aquí se encalla el asunto. Belleza y eficacia rara vez coinciden: el Me-262 era hermoso y letal para su propio piloto; el Lightning deslumbraba y el Phantom le comía el terreno; el Ho 229 prometía cifras de vértigo y se quedó en prototipo. Elegir el caza más bonito acaba siendo menos un ejercicio de ingeniería y más una cuestión de nostalgia, y por eso nadie cierra la lista.