Europa sin coche, sin luz ni calefacción: la portada de Der Spiegel
Sin coche, sin calefacción, sin electricidad, sin alimentos frescos. Es la enumeración que usa un participante del hilo para describir el horizonte próximo de Europa y que presenta al hilo de la portada de
Der Spiegel. Otro forero describe el semanario como el de mayor tirada del continente. La portada se lee en clave de carestía, un horizonte que muchos ciudadanos reconocen en su factura mensual. Tajante, sí. El matiz llega enseguida: la portada es un diagnóstico, no una sentencia, y el pronóstico depende de variables que ningún gobierno europeo controla del todo.
El gas ruso: por qué un participante ve imposible sustituirlo de un día para otro
El punto más técnico y más serio es el gas. Un participante sostiene que la dependencia del suministro ruso no se tapa con un decreto:
no existen infraestructuras construidas a gran escala para regasificar y canalizar ese volumen en Europa, y añade que tampoco hay barcos metaneros suficientes en el mundo para servir lo que el continente consumía. Una parte de esa flota está, según su versión, controlada por Rusia y otra por China, y el resto obliga a competir con países de cartera más abultada.
Quien sostiene este análisis no discute el deseo político de prescindir del gas ruso; discute que exista una alternativa física lista. La sustitución, en ese tramo, es una promesa con calendario de obra pública, no un interruptor que se acciona cuando conviene. Y mientras la obra llega,
el recibo lo paga el consumidor.
Alemania y la presencia militar estadounidense en su territorio
El segundo eje es la soberanía. Un forero cifra en torno a
63.000 soldados en activo el ejército alemán; Estados Unidos tendría desplegados en territorio alemán unos
35.000, más de la mitad del ejército propio alemán. Sobre ese desequilibrio se construye el argumento de que Berlín no decide en realidad su política exterior, sino que ejecuta lo que le marcan sus aliados.
La tesis va más lejos: tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania habría sido incorporada a la OTAN como miembro forzoso,
sin derecho a salirse ni a negarse. De ahí que una parte del análisis interprete cada paso del país —el freno a la energía barata, el alineamiento militar— no como una decisión soberana, sino como el peaje de quien no controla su propio rumbo.
¿Qué gana EEUU con una Europa empobrecida?
Aquí el diagnóstico se parte en dos. Hay quien sostiene que Estados Unidos persigue
arruinar la Unión Europea y deshacerse de un euro que le molesta: una moneda que compite con el dólar no interesa a Washington, y una Europa fragmentada es más manejable. En la otra orilla se responde que fueron países del Este los que pidieron entrar en la OTAN para protegerse de Rusia, y se recuerda que Rusia ya invadió antes buena parte del continente, desde Finlandia y Lituania hasta Polonia o Rumanía.
Las dos corrientes no se excluyen: puede existir interés estadounidense en una Europa debilitada y, a la vez, una demanda real de protección en el flanco este. Lo que ninguna discute es quién acaba pagando la factura.
Por qué se pide sacrificio al ciudadano y no a los políticos
Aquí la crítica se vuelve doméstica. Un participante reprocha que las exigencias de austeridad —renunciar al coche, bajar la calefacción, apretarse el cinturón— no vayan acompañadas de gestos equivalentes entre quienes las dictan, y señala como ejemplo el gasto en el acondicionamiento de un palacete de titularidad pública, con una partida de
150.000 euros mencionada en el hilo.
El reproche tiene más fondo político que económico: la sensación de que el sacrificio siempre es ajeno. Eso explica por qué una portada sobre la carestía conecta con tanta gente. No descubre nada nuevo; confirma un malestar que ya estaba ahí.
¿Es Der Spiegel un medio de referencia?
Sobre la credibilidad del semanario hay menos disputa que sobre su mensaje. En el hilo se afirma que Der Spiegel vende en torno a
un millón de ejemplares a la semana, con números de 150 páginas y artículos extensos, y un forero le atribuye un historial de escándalos destapados que le da un peso que pocas cabeceras europeas igualan. Que un medio de ese peso lleve el empobrecimiento a su portada es la lectura que hacen varios participantes.
Con el gas sin sustituto claro, presencia militar extranjera en Alemania y el euro cuestionado, el escenario de la portada tiene material para cumplirse. O no: ninguna de las dos cosas está decidida, y esa es, precisamente, la parte que el semanario no dibuja.