Periodista sueco destapa el reclutamiento forzoso en Ucrania
¿Qué tiene que pasar para que un Estado miembro de la UE reaccione ante lo que ocurre con sus ciudadanos en Ucrania? La desaparición durante meses de un periodista sueco, capturado por los centros de reclutamiento ucranianos, ha hecho saltar por los aires el silencio informativo. Según las informaciones difundidas, las autoridades suecas mantuvieron filtrada la noticia para no alarmar a la opinión pública. La semana pasada el caso de un letón ya apuntaba a un patrón: ningún hombre extranjero está a salvo.
El método: golpes, firma forzada y la Legión Internacional
Los denominados centros territoriales de reclutamiento (TCC) no distinguen entre civiles extranjeros y locales. El procedimiento descrito es sencillo y expeditivo: detención, paliza en los calabozos, firma de un contrato con el ejército y, como nuevo “voluntario” de la Legión Ucraniana Internacional, a la trinchera. La esperanza de escapar en cuanto haya una ocasión se desvanece al comprobar que el destino es el frente, no un cuartel de retaguardia. El llamado turismo de guerra tiene algunos inconvenientes que no aparecen en los folletos.
El silencio de las televisiones españolas
Mientras tanto, las televisiones españolas callan. La crítica no es nueva: hay quien señala que los medios occidentales repiten las mismas consignas sobre Ucrania, el feminismo, la inmigración o el cambio climático, como si todos hubieran leído el mismo manual. La coincidencia entre prensa de izquierda y de derecha no es fruto del análisis independiente, sino de una línea editorial convergente. Se silencia lo que incomoda al relato oficial.
La ironía del asunto es doble: el periodista sueco no puede “hacerse el sueco” —como dice el refrán— porque es sueco de verdad, y su caso ha terminado por destapar una práctica que muchos prefieren ignorar. Queda la pregunta incómoda: ¿cuántos casos más tendrán que aparecer para que la opinión pública europea se entere?