Washington sondea con un cuestionario la lealtad de sus aliados en la OTAN
Washington ha dejado de fingir que la Alianza se gestiona por consenso. Según Bloomberg, la Administración de Donald Trump ha enviado a los socios de la OTAN un cuestionario por escrito para medir hasta qué punto están alineados con la política exterior de la Casa Blanca. El 15 de agosto de 2026, el documento pregunta directamente si los países de la Alianza invierten en contratistas de defensa estadounidenses y si se han opuesto públicamente a la línea de Washington. Un test de fidelidad, apenas disimulado.
Una encuesta o una coartada para retirar tropas
La primera lectura no se hizo esperar: el cuestionario es la excusa para justificar un repliegue de tropas estadounidenses en Europa. Según esta corriente, el objetivo de fondo es que los gobiernos europeos compren armamento al complejo industrial-militar de EEUU y tapen así la mengua de presencia militar norteamericana. No es una interpretación conspirativa: es lo que se desprende del énfasis del documento en los contratistas de defensa.
La factura de una defensa europea sin OTAN
Frente a esa lectura, hay quien resta hierro al asunto: el mandato de Trump es finito y, cuando se vaya, la maquinaria de la Alianza volverá a su cauce. Alemania ha triplicado su gasto militar y no parece dispuesta a renunciar a la protección norteamericana; en 2030, el número de tropas en Europa podría ser el mismo, o mayor. La tesis de la vuelta a la normalidad choca con otra evidencia: el inquilino de la Casa Blanca quiere que la OTAN sea un activo con retorno económico positivo y, una vez lo logre, el esquema se mantendrá aunque cambie el presidente.
La alternativa de una defensa 100% europea se queda sobre el papel cuando se miran sus costes: reintroducir el servicio militar obligatorio y elevar el gasto en Defensa por encima del 5% del PIB, mientras Washington sigue armando a Marruecos en el flanco mediterráneo. Los países del Este, más expuestos a la frontera, no quieren renunciar de golpe al personal y al armamento estadounidense. Y en la quiniela de los aliados díscolos aparece España; los defensores del marco actual replican que el incumplidor es Washington, no Madrid.
Si la lógica comercial se impone, la Alianza sobrevivirá como franquicia de venta de armamento, con Europa pagando el canon. Si la lógica geopolítica europea despierta a tiempo, quizá el examen sirva para algo. Pero ambas cosas a la vez no van a pasar.