El coche nuevo cuesta el doble que hace diez años y la mitad del país no puede pagarlo
El CEO de Citroën, Xavier Chardon, ha dicho en público lo que muchos sospechaban: la gente no compra coches nuevos porque no hay prácticamente ninguno por menos de 15.000 euros. Pero el análisis no puede quedarse en una boutade. En los últimos diez años, el precio medio de un utilitario ha pasado de 15.000 a 24.000 euros, mientras los salarios reales apenas se han movido. El resultado es un mercado de nuevos en caída libre y un parque automovilístico que envejece a toda velocidad.
Subida de precios: más del 50% en una década
Tomemos un ejemplo concreto. El Citroën C4 costaba alrededor de 15.000 euros en 2015. Hoy, un modelo equivalente no baja de 24.000. Eso es un incremento superior al 50% en diez años. Los salarios, en cambio, han subido muy por debajo de la inflación real. “Desde 2005 se viene cobrando lo mismo”, resume un dato demoledor: mil euros de hoy equivalen a 500 de 2005 en poder adquisitivo.
El argumento oficial de los fabricantes es que la culpa es de la normativa europea: ADAS obligatorios, filtros de partículas, AdBlue, sensores, cajas negras, conectividad... cada exigencia añade costes. Pero el cliente final no quiere pagar por pantallas que se quedan obsoletas, suscripciones para calentar los asientos o motores que se rompen a los 60.000 km. El famoso motor PureTech de Stellantis se ha convertido en un símbolo de todo lo que va mal: correa bañada en aceite, problemas de lubricación, averías masivas y una postventa que mira para otro lado.
Los que pueden comprar no quieren, los que quieren no pueden
El debate revela dos corrientes de opinión. Una sostiene que la mayor parte de la población no tiene capacidad económica para afrontar un coche nuevo. La vivienda se come la nómina, el combustible está por las nubes, las ZBE restringen la circulación. “No podemos comprar vivienda, que es más necesario, como para invertir lo poco que tenemos en un coche”.
La otra corriente argumenta que el problema no es solo de precio, sino de valor. “Los coches actuales son una puta mierda, petada de electrónica, obsolescencia programada y fallos de diseño”. Un utilitario de 25.000 euros ya no transmite la durabilidad de uno de hace quince años. El cliente piensa “no voy a hipotecarme por una pantalla y un tricilíndrico apretado”.
El dato que lo confirma: el 60% de los coches vendidos en España son de segunda mano con diez años o más. Los conductores alargan la vida de su coche viejo hasta que revienta, y cuando compran, buscan algo fiable y sencillo. Por eso los japoneses mantienen buena reputación, y los chinos empiezan a comerse el mercado con coches baratos y, al menos sobre el papel, bien equipados.
El futuro: coches de 15.000 euros (otra vez) o la rendición a China
Ante la caída de ventas, Citroën anuncia que lanzará un modelo del segmento A por menos de 15.000 euros. Pero los escépticos recuerdan que ya se ha visto esa película: será un coche ridículo, de dos plazas y sin maletero, un “todo a 100” que no cubre las necesidades reales. Mientras tanto, Stellantis ha vendido su planta de Villaverde (Madrid) al fabricante chino Leapmotor, que fabricará allí coches eléctricos. La industria europea del automóvil está en cuidados intensivos, y la UE, con su regulación, ha acelerado la decadencia.
La pregunta que nadie responde: si los fabricantes pueden sacar un coche de 15.000 euros, ¿por qué no lo han hecho antes? La respuesta está en los márgenes: prefieren vender menos unidades a mayor precio, y concentrarse en los clientes con alto poder adquisitivo (mayores de 55 años, funcionarios, parejas sin hijos). El resto, que se apañe con coches viejos o con el transporte público. Eso, o que los chinos nos saquen del atolladero.
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