Ceuta y la clase obrera: la fractura que nadie quiere ver
Un trabajador de a pie escribe que no tiene patria y que Ceuta no es su problema. Otro le responde que la clase obrera lo único que tiene es el Estado y su territorio. La discusión, que ha reunido más de un centenar de intervenciones en apenas 24 horas, revela una fractura profunda en la base social del país: ¿debe el trabajador defender las fronteras de un Estado al que considera enemigo?
La patria como propiedad de las élites
Hay quien sostiene que la patria es un concepto secuestrado por las oligarquías. Se argumenta que durante décadas los beneficios del país han ido a parar a las élites y sus redes clientelares, mientras el trabajador soportaba jornadas partidas, salarios de hambre y encargados psicópatas. Desde esta óptica, la clase obrera no tiene nada que defender: el Estado es un instrumento de explotación que la utiliza como carne de cañón. La conclusión es radical: si lucho, será por mi supervivencia, no por un Estado que me considera un esclavo.
El factor migratorio y la competencia laboral
En el extremo opuesto, se argumenta que la clase obrera solo tiene el Estado y su territorio. Quienes defienden esta postura señalan que la inmigración masiva presiona los salarios y los servicios públicos, y que la competencia desleal de quienes trabajan sin condiciones laborales dignas perjudica directamente al trabajador español. Se menciona que la derecha y la patronal apuestan por la inmigración masiva como estrategia para abaratar la mano de obra, y que esto es un problema real para la clase obrera, no una invención.
La instrumentalización política del debate
Una tercera corriente sostiene que el debate sobre Ceuta es una cortina de humo. Se argumenta que mientras se discute la frontera, el territorio se lo están quedando fondos buitres y millonarios del centro y norte de Europa, y que la corrupción política sigue campando a sus anchas. La cita de Niemöller -«primero vinieron por los socialistas...»- se repite como advertencia: la indiferencia ante la pérdida de derechos conduce a la pérdida de todo. Pero también se responde que esa cita se usa para manipular a la clase obrera y hacerla defender a un Estado que la explota.
El dato que descoloca: el mismo trabajador que dice no tener patria reconoce que luchará por su supervivencia, pero no por un Estado al que considera corrupto. La pregunta queda abierta: ¿puede la clase obrera sobrevivir sin patria?