Ceuta y Melilla: el debate sobre una posible cesión a Marruecos
En 1975, la población de origen magrebí en Ceuta y Melilla no llegaba al 10%, según un testimonio recurrente en los análisis informales. Hoy, las mismas fuentes sitúan esa cifra en el 52% y en ascenso. El cambio demográfico es el telón de fondo de una discusión que lleva años instalada en los márgenes de la política exterior española: la hipotética entrega de las dos ciudades autónomas a Marruecos.
El cambio demográfico como argumento central
Según las cifras que circulan en los debates especializados, en Melilla el porcentaje de población de origen marroquí habría pasado del 30% en 1975 al 52% actual. Quienes defienden la tesis de la cesión argumentan que, cuando ese porcentaje alcance el 70-80%, se producirá una reclamación de soberanía, bien como integración en Marruecos o como independencia. El dato demográfico se convierte así en el principal caballo de batalla: para unos, es la prueba de una rendición programada; para otros, una evolución que exige respuestas, no cesión.
La dimensión económica: ¿coste o activo?
Otro argumento recurrente es el coste fiscal. Ceuta y Melilla son territorios que dependen en gran medida de las transferencias del Estado, con una economía muy ligada al comercio fronterizo y a los empleos públicos. Algunos analistas sostienen que, si pasaran a soberanía marroquí, la población de origen magrebí que hoy reside allí sería la primera en huir, buscando mantener sus vínculos con España. En cambio, hay quien ve la cesión como una liberación de cargas para el Estado, una tesis que conecta con la idea de que España no tiene capacidad para mantener esos enclaves.
Geopolítica y tramas exteriores
El debate se enreda en tramas geopolíticas complejas. Se menciona el papel de Estados Unidos, Israel y Francia como aliados estratégicos de Marruecos, y se acusa al establishment español de preparar una entrega pactada al estilo de la Marcha Verde de 1975. Algunos ven en la retirada de la bandera nacional en islotes del Mediterráneo, reportada por El Faro de Melilla y Europa Sur, un primer paso en esa dirección. No faltan quienes apuntan a una estrategia anglosajona para controlar ambas orillas del estrecho de Gibraltar.
El dato que descoloca
Mientras tanto, la Constitución española prohíbe expresamente la cesión de soberanía. Pero el simple hecho de que el debate persista, alimentado por cifras demográficas y desconfianza institucional, revela una fractura en la percepción de la integridad territorial que ningún dato oficial ha logrado cerrar. La discusión, que parecía arrinconada, resurge con cada gesto de Rabat y cada movimiento de la diplomacia española.